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Hace tiempo que queríamos escribir aquí sobre una obra de reciente aparición: el DICAT (Diccionario biográfico de actores del teatro clásico español), que se publica en soporte informático, con un poderoso motor de búsqueda para hallar las referencias que nos interesan de entre las más de diez mil páginas que supondría una edición impresa de este diccionario de actores. Por otro lado, también ha despertado nuestra atención el Blog Theatrica, dedicado al estudio del teatro del Siglo de Oro. Pues bien, con esta entrada vamos a matar dos pájaros de un tiro, porque el magnífico blog se encarga en una de sus últimas entradas (pinchar aquí para conocerla) de la ingente labor de la doctora Ferrer y su equipo de colaboradores. Pongamos por caso, alguien que realiza una tesis doctoral sobre un autor de teatro breve del siglo XVII. Para datar las piezas, resulta interesante, si conservamos nombres de actores que las interpretaron, saber a qué compañía pertenecían, en qué ciudades actuaron y en qué fechas. Estas pesquisas suponían, antes del DICAT, horas de búsquedas, a menudo infructuosas: Shergold y Varey, Rennert, los Documentos de Pérez Pastor y otros. El DICAT simplifica no poco la labor del investigador y proporciona momentos de goce al aficionado al teatro áureo.
Hace dos días murió Mario Benedetti, el gran poeta uruguayo del siglo XX (Puede consultarse su perfil biográfico y bibliográfico en el siguiente enlace de Wikipedia). Aprovecho esta ocasión para recomendar la web de poesía que más me gusta: A media voz (pincha el enlace y lee una selección de poemas de Mario Benedetti). Tengo memoria Benedetti desde los años de universidad, en la década de los 90 en la facultad de Filología de la Complutense de Madrid. Era un autor más citado y leído fuera de las clases que dentro. Entonces ya no había que correr delante de los grises, pero los poemas y los escritos de Mario circulaban de mano en mano entre los estudiantes con profusión. Su gran arma consistía en una literatura con más verdad que aquélla que nos enseñaban dentro del aula catedráticos egregios dictando apuntes amarillentos. Su recuerdo me hace sonreír: ¡Qué bueno que estuviste, viejo! Nos despedimos de él con un documental de Ricardo Casas sobre su figura: Palabras verdaderas.
Antonio Vega ya es miembro de pleno derecho del "club de los malditos", que vivieron peligrosamente y se fueron antes de tiempo. Recordamos con cariño a grandes músicos como Tino Casal, Antonio Flores o Enrique Urquijo, grandes entre los grandes de la Nueva ola, la Movida madrileña, La Edad de oro y otras etiquetas que se han puesto al fenómeno por el cual el pop español alcanzó la mayoría de edad y se equiparó a su progenitor británico. Corría el año de 1978 cuando los primos Nacho García Vega, Antonio Vega, junto a Ñete y Carlos Brooking formaron Nacha Pop, más como un divertimento adolescente que como proyecto musical serio. Una de sus primeras canciones fue La chica de ayer, considerada hoy como el mejor tema del pop español y que podemos escuchar en el siguiente vídeo que recoge la primera actuación del grupo en televisión.
El camino irregular de 1980 a 1988 culminó con la separación del grupo por la diferencia entre Nacho (eléctrico y hedonista) y Antonio (quien postulaba un rumbo intimista, desnudo y poético). En esta etapa, Antonio nos regaló canciones inolvidables como Se dejaba llorar y El sitio de mi recreo.
Recientemente, al calor de la moda del revival Nacho García Vega y Antonio Vega resucitaron a Nacha Pop en algunas actuaciones y buenas palabras que no cristalizaron en nada sustancial. Recordamos su actuación hace algunas semanas en TVE, en el programa Los mejores años de nuestra vida. El deterioro de Antonio era ya escalofriante y el desenlace fatal inminente. Se ha ido un gran músico, capaz de proporcionar felicidad a cientos de miles de personas que una vez fuimos adolescentes, una gran estrella y, a la vez, un tímido enfermizo que no tuvo piedad de sí mismo.
El periódico El País en su sección Madrid ofrece una subsección curiosa llamada "El Jefe de todo esto". Pues bien, hace unos días la dedicaron a Pablo Berástegui (consúltese el enlace), responsable del centro cultural de vanguardia Matadero de Madrid. Nos interesó la entrevista porque se refería a un espacio que conocimos hace algunos meses con motivo de la representación de Las troyanas, en el montaje de Mario Gas que ya comentamos aquí. Como espacio teatral es enorme, imponente: una gran nave sin columnas. La disposición del público (un sistema de gradas muy flexible) la elige el responsable del montaje, lo que aumenta las posibilidades dramáticas. Nos gustó un espacio que, sin abandonar la vocación industrial con que fue concebido, había sido dotado una calidez que lo hacía habitable y cómodo para sus inquilinos y sus visitantes. No recuerdo la exposición que se podía visitar por aquellas fechas (septiembre de 2008), pero sí pasear por sus salas, observar a los artistas en proceso de creación, hablar con ellos. Me ofreció una imagen de lo que el antiguo director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía quería hacer y no llevó a cabo finalmente: conseguir que el Museo fuera menos museo y más centro de arte. Matadero de Madrid es, hoy por hoy, más centro de arte que museo y el visitante lo agradece.
En San Fernando de Henares puede verse el día 18 a las 20 h. La lluvia amarilla, adaptación de la célebre novela homónima de Julio Llamazares. La novela, de la que se han vendido más de 400.000 ejemplares y ha sido traducida a 18 idiomas, ha sido llevada al teatro por José Ramón Fernández, después de que el autor rechazara participar en dicha adaptación por "desconocer el lenguaje del teatro", y diriegida por Emilio Del Valle. La obra, ya rodada por la Comunidad de Madrid desde hace un año, contó en su estreno en el Teatro Español con la asistencia de un espectador especial: Julio Llamazares, quien felicitó a la compañía por el montaje y dijo no echar nada esencial en falta de su novela en esta adaptación teatral. La lluvia amarilla es el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Entre la "lluvia amarilla" de las hojas en el otoño, la voz del protagonista traza la crónica triste de un mundo que desaparece por el éxodo imparable de la sociedad rural hacia las ciudades. El mismo día a la misma hora, el teatro de La Jaramilla de Coslada nos ofrece El vals del adiós, de Louis Aragon, obra de la que ya hemos hablado aquí recientemente. En Velilla de San Antonio, el día 19 a las 19 h. se representa El gato manchado y la golondrina Sinhá, espectáculo de teatro infantil, por la compañía El Retablo. Por último, estos días se celebra en Alcalá de Henares, el XII Certamen Nacional de Teatro para Directoras de Escena, entre los días 16 y 19 de abril. La programación, completísima, puede consultarse en el siguiente enlace.
Un excelente plan cultural para esta Semana Santa puede ser visitar la exposición monográfica que dedica El Prado al artista irlandés Francis Bacon (Por cierto, después comí opiparamente en un restaurante gallego del cercano barrio de las Letras, llamado Terra Mundi, muy recomendable). La gestión del museo, tradicionalmente muy reacia a acoger en él la obra de autores del siglo XX, ha debido tener en cuenta, aparte de los méritos del artista, la etapa final de su vida en Madrid y su obsesión por el museo del Prado y sus visitas incansables para ver la obra de los que consideraba los popes de la pintura española: Velázquez, El Greco y Goya.
Sobre esta exposición, ahí van algunos enlaces: el artículo de Calvo Serraller en El País,el de Antonio Lucas en El Mundo, y un texto maravilloso de Rodrigo Fresán que encontramos en el blog Ignoria, biblioteca hogar. Pero, sin duda el post más completo que hemos encontrado sobre esta muestra está en el blog de Antonio Blanco Almeida, con unas reproducciones de los cuadros de excelente calidad y unos textos que hacen irrelevante nuestro trabajo en esta entrada del blog.
Además puede verse ">un documental en Youtube, en seis partes, del que aquí sólo enlazamos la primera, sobre una retrospectiva que se le dedicó en Londres.
La exposición que, consta de más de 60 obras, se subdivide en áreas que muestran, siguiendo criterios en parte cronológicos, asuntos que preocuparon al autor en distintas etapas de su vida: así, Animal (década de los 40), donde desde su posición atea, subraya la condición animal del hombre responsable, entre otras barbaries, de la Segunda Guerra Mundial. A Zona y Aprensión corresponde las variaciones sobre el Retrato del Papa Inocencio X (cuadro pintado en 1650 por Velázquez y que llegó a obsesionar a Bacon), es una etapa donde las bocas abiertas en un grito se convierten en la manifestación de angustia y pesimismo existencial.
Más tarde siguen Crucifixión y Crisis en los años 60, donde sus obras Estudios para una crucifixión y Crucifixión presenta la paradoja de que el profundamente cristiano tema de la crucifixión seduzca y obsesione a un artista ateo.
Finalmente, Retrato, en la década de los 70, se centra en la necesidad de Bacon de pintar a sus seres más cercanos; su relación con George Dyer, con quien ha vivido momentos de exceso se trunca en 1971 con la muerte de éste. A partir de aquí, el color negro ingresa con fuerza en sus pinturas.
Es de destacar toda la documentación del estudio del artista, sus testimonios biográficos y el archivo fotográfico, que ocupa, todo ello, una sala de la exposición.
Fernando Guillén ha elegido la obra de Louis Aragon El vals del adiós para despedirse de los escenarios tras una carrera profesional de décadas. La cita con los sanfernandinos es el sábado 28, a las 20 h. en el teatro Federico García Lorca, coincidiendo con el Día Internacional del Teatro. En Coslada el mismo día, a la misma hora, en el teatro La Jaramilla, puede asistirse a la representación de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca. El montaje propuesto por el grupo Tribueñe y dirigido por Irina Kouberskaya incide en la importancia del erotismo como pulsión vital, más poderoso que la muerte, de modo que en esta revisión tan novedosa Don Perlimplín encarna el erotismo y Belisa, la muerte, Belisa, que se muere de amor.
El viernes 27 tendrá lugar también en La Jaramilla la representación de Mujer busca hombre que aún no existe, dirigida por Eloy Arenas.
No conocí la obra de Clint Eastwood como director hasta 1992 con Sin perdón, bastante más tarde de lo que me correspondía por edad. Simplemente, no me interesaban los temas que trataba en sus películas. Desde ese gran western crepuscular (término referido al género no al cineasta), no he dejado de seguirle: Los puentes de Madison (1995), una historia de amor imposible a la que es difícil resistirse; Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997) presenta esa imagen del Sur estadounidense tan sugerente y a un gran Kevin Spacey; Mystic River (2003)nos cuenta una conmovedora tragedia familiar con una figura paterna protagonista encarnada magistralmente por Sean Penn, Million dolar baby (2004), sobre la prometedora carrera trágicamente truncada de una joven y cabezota boxeadora. Se trata de una selección puramente subjetiva, caprichosa si se quiere,cuyo criterio de elaboración sólo obedece a los buenos momentos que me hicieron pasar en algún momento de mi vida. Clint Eastwood está acostumbrado a luchar a la contra y hacer de la necesidad, virtud. Cuentan que al inicio de su carrera, cuando en 1954, le ficha la Universal, enseguida le descartan como galán porque su físico enclenque no lo hacía idóneo, más tarde protagonizó una mediocre serie western televisiva, Rawhide, que pudo abocarle al fracaso como a tantos otros actores. Fue criticado por protagonizar los spaguetti-western de Sergio Leone, considerados una segunda división del género americano del Oeste. Uno de sus grandes éxitos de taquilla, la trilogía de Harry, el sucio le acarreó acusaciones de racismo y machismo por parte de grupos de izquierda americanos, críticas de las que tuvo que salir al paso. También la crítica se cebó con él por su forma de actuar inexpresiva, cercana al hieratismo, tanto si el papel lo requería como si no. Superadas todas estas dificultades, Clint Eastwood comenzó a remar a favor de corriente desde el citado año de 1992, como si la interpretación del viejo vaquero William Munny, acabado y a la vez revestido de dignidad, le pusieran en paz con el "establishment" de Hollywood. Desde entonces y hasta hoy, su talla como cineasta no ha dejado de crecer. Ahora se presenta Gran Torino y parece, de nuevo, que Eastwood ha dado en la diana. Entre sus mejores bazas, cabe destacar el sólido guión de Paul Haggis que combina guiños de simpatía a los veteranos americanos de distintas guerras, patriotas irreductibles, con un mensaje de tolerancia al crisol de culturas en que se han convertido muchas pequeñas ciudades norteamericanas y, a la par, denuncia de la lacra de las bandas organizadas, culpables de la violencia y la delincuencia de la sociedad de hoy en el mundo civilizado.
Mauro Entrialgo escribe cada día una viñeta en el diario Público y en la web de este periódico se puede consultar el blog Plétora de piñatas, donde se recogen las viñetas y los comentarios de los internautas. La viñeta del pasado 16 de marzo trataba de tipología de blogs y, haciendo autocrítica, tenemos que reconocer que: "si cada comentario es una densa y extensa brasa" el nuestro es, efectivamente, "un blog literario", ja, ja, ja. ¡Qué bueno, Mauro! Intentaremos ser menos densos y menos extensos en próximas ocasiones.