domingo, 21 de septiembre de 2008

Las troyanas, de Eurípides (dirección de Mario Gas)


Pocos escenarios se avienen tanto a la obra que se representa en ellos como las Naves del Español - Matadero de Legazpi a la tragedia de Eurípides Las troyanas. No sólo por la carnicería que supuso el saqueo y posterior reparto de los despojos (mujeres de los vencidos incluidas) entre los vencedores argivos, sino porque el espacio escénico elegido -una nave concebida para otras funciones, no para la representación teatral- ofrece más posibilidades escénicas que un teatro convencional. Mario Gas dispone un proscenio amplísimo, donde la mitad corresponde a las playas donde las naves aqueas se preparan para zarpar y la otra mitad retrata la ciudad de Troya aniquilada cuyas murallas inexpugnables han caído y sólo espera ser pasto de las llamas. La sala es magnífica: en el debe hay que señalar la obligatoriedad para los actores de utilizar dispositivos amplificadores de la voz para que ésta llegue hasta las filas de asientos más alejadas.
Se presentan ante el público varias mujeres derrotadas, troyanas ilustres, a la espera de conocer su aciago destino. Han perdido a sus seres queridos y tendrán que marcharse de su patria para servir como esclavas a algunos de los generales vencedores. Desfilan ante el público Casandra, la pitonisa, Andrómaca, con su hijo en brazos y otras; entre ellas se yergue con majestuosa autoridad, Hécuba, mujer de Príamo y madre de Héctor. Su monólogo indaga en la curiosa situación en que se encuentra: por un lado, se expresa desde la arrogancia, la soberbia de quien se atribuye dignidad de reina y, al mismo tiempo, desprecia la vida que le queda por vivir como esclava de los asesinos de sus hijos y su marido. Junto a Hécuba, una magnífica Gloria Muñoz, otro hallazgo notable es la interpretación del diálogo entre los dioses Poseidón y Atenea. Poseidón se nos muestra como un viejo decrépito incapaz de enfrentarse a Atenea y que celebra por lo tanto el cambio de criterio de ésta al castigar ahora a los argivos, a quienes tanto ha apoyado entregándoles la victoria sobre Troya. Atenea, personaje de lo más inquietante interpretado por el actor Ángel Pavlosky, se muestra como femme fatal, con elegancia sublime y vestida con traje de chaqueta estilo años veinte. Antes de presentar a los personajes humanos, ambos dioses se marcan un baile decadente, desmitificador que tiene un efecto desasosegante en el público y lo prepara para lo que está por presenciar. La obra permanecerá en cartel hasta el próximo día 28 de septiembre.

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