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miércoles, 22 de mayo de 2013
¿Los adverbios terminados en -mente son palabras derivadas o compuestas?
A la hora de analizar la estructura morfológica de un adverbio terminado en -mente, surge la duda de si considerar este formante culto como un sufijo, en la misma línea que otros procedentes de la lengua latina y griega, o, por el contrario, considerar "mente" como un elemento de composición, teniendo presente su etimología de sustantivo al que se añade un adjetivo femenino y da como resultado un compuesto. La RAE en la Nueva gramática de la lengua española afirma lo siguiente al respecto:
"Oscila entre los morfólogos la caracterización formal del segmento -mente, ya que es sufijo para unos, pero elemento compositivo para otros. En efecto mantiene varias de las propiedades que tuvo como unidad léxica independiente, lo que -en opinión de algunos gramáticos- significa que debe asimilarse a los elementos compositivos en la lengua actual. El grado en que se produce esta asimilación es polémico, pero las propiedades que alejan -mente de otros sufijos son claras. En primer lugar, las bases a las que -mente se agrega son adjetivos en femenino, como consecuencia natural del género que corresponde a este sustantivo (tranquila-mente). En segundo lugar, no se da en este proceso derivativo la cancelación de la vocal final de la base que caracteriza la derivación en español ni otras alteraciones similares en los radicales. En tercer lugar, la base léxica sobre la que -mente incide mantiene un acento secundario: l[è]ntam[é]nte [...]. En cuarto lugar, cuando un adverbio en -mente está cuantificado (muy lentamente), el adjetivo se agrupa con el cuantificador para proporcionar la paráfrasis sintáctica que se considera adecuada: muy lentamente significa 'de manera muy lenta' -lo que sugiere la segmentación [muy lenta][mente]- y no, en cambio, 'muy de manera lenta'.
A los argumentos que se mencionaron en el apartado anterior suele agregarse la capacidad que posee -mente de elidirse en los grupos coordinados de dos adverbios que contienen esa terminación, como en lisa-ø y llanamente. La elisión era infrecuente en la lengua medieval, pero se daba ya en la clásica y es común en la actual, sobre todo en la escrita."
lunes, 1 de junio de 2009
God & Gun, de Rafael Sánchez Ferlosio

Degusto los artículos de Sánchez Ferlosio en El Paísde la misma manera que un catador de vinos el último caldo de su bodega preferida. Es un sabio del lenguaje, de la filología, un filólogo en el sentido etimológico del término, un amante de la palabra. Sólo recuerdo devoción semejante en la dedicada al recordado Lázaro Carreter y su colección de El dardo en la palabra.
En su último libro nos propone temas como la historia, la guerra, la religión, el derecho y el fanatismo, todo ello pasado por el tamiz del degustador de palabras y expresiones: en el gigantesco ensayo que supone God & gunhay reseña de libros (el libro II es una confrontación entre la concepción historiográfica de Polibio y la que subyace en la Filosofía de la Historia, de Hegel; en el libro V, se habla del ensayo La política como vocación, de Max Weber); hay también análisis de textos literarios, como un fragmento de El laberinto de Fortuna, de Juan de Mena, análisis filológico de viejos refranes castellanos, como "corneja posada non face agüero", o "potro que ha de ir a la guerra, ni lo come el lobo ni lo aborta la yegua". Nuestro autor se siente en su salsa manejándose entre anfibologías, enunciados locutivos o perlocutivos, o el enroque de complemento directo (eso sí, el autor reconoce que su uso del lenguaje es peculiar: así es como "en mi jerga se designa").

Siendo Ferlosio un escritor que se prodiga poco -Enrique Vila-Matas no tendría inconveniente en incluirlo en su catálogo de Bartlebys-, es motivo de alegría para sus lectores la aparición de un libro, como este God & gun, que el propio autor presenta a sus lectores de la siguiente manera:
"Barack Obama dijo de algún estado norteamericano que, deprimido y aburrido por la recesión y por el paro, se había abandonado al culto de Dios y al culto de las armas; de ahí he sacado yo el título God & Gun, que además me parece un lema ideal para un escudo de Estados Unidos. Yo también, sin embargo, entre los quince y los veinte años, era tan religioso como apasionado de la escopeta; por la conjunción de estas dos cosas, mi padre me comparaba con Nemrod y me hacía fiestas recitándome aquello de Génesis 10, 9: «Nemrod, vigoroso cazador a los ojos del Altísimo». Estos apuntes empezaron siendo un artículo de respuesta a otro de Fernando Savater, pero ya se sabe que los grafómanos o plumíferos estamos expuestos a la pulsión de desviarnos con cualquier pretexto que se cruce, y ya no puede saberse adónde iremos a dar. Había empezado a principios del 98, pero la oscuridad y la tristeza me cortaron en seco sin acabar el año. Escribí otras muchas cosas, pero la incertidumbre y el escepticismo crecientes que son propios de todo envejecer no me dejaron volver a aquello hasta cumplir los ochenta años: no sé qué impulso me llevó a rematar el actual Libro VII y escribir, como en unos dos meses, todo el VIII, no puedo tan siquiera imaginar cuán distinto del que habría podido prever hace diez años. Rafael Sánchez Ferlosio regresa con un ensayo deslumbrante sobre la historia, la guerra, la religión, el derecho y el fanatismo (pasado y presente)."
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viernes, 18 de abril de 2008
De vascos y vascas: a vueltas con el plural genérico

Un artículo publicado por El País hace poco se hacía eco de que la fórmula popularizada por el lehendakari Ibarretxe gana adeptos y, sobre todo, adeptas . Así, cada vez es más habitual escuchar: diputados y diputadas, españoles y españolas, etc. Por el contrario, la postura de la RAE se mantiene inamovible: en las lenguas románicas en general y en el castellano en particular, el masculino es el género no marcado, es decir, incluye a los individuos de ambos sexos. Ignacio Bosque, académico, prepara la próxima edición de la Gramática de la lengua castellana y opina al respecto que el desdoblamiento resulta un procedimiento artificial y redundante y no resuelve todas las situaciones que puedan plantearse. Por ejemplo, “Juan y María se han ido juntos”.
En las antípodas de este pensamiento, Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares, se ha dedicado al estudio del sexismo en el lenguaje y concluye: en primer lugar, el sexismo no es un procedimiento nuevo, sino que puede definirse como un recurso propio de la oralidad que aparece ya en el Poema de Mío Cid, para referirse al auditorio. En segundo lugar, las academias de la lengua imponen una norma androcéntrica; de hecho, desde su fundación en 1713, sólo tres mujeres han formado parte de la RAE, y la primera lo hizo en 1978. Tampoco está de más recordar que, hasta hace tan sólo algunas décadas, alcaldesa era la mujer del alcalde y doctora la mujer del doctor,lo que muestra cuánto ha cambiado la realidad social española. Con el reciente acceso de la mujer a puestos de trabajo tradicionalmente desarrollados por hombres surgen dudas acerca de la denominación correcta.
Reconocemos que junto al peligro de perpetuar un uso sexista del lenguaje (en el caso de que exista tal sexismo), existen palabras para las que se han buscado femeninos que no son necesarios: presidenta, jueza…, ¿quizá próximamente *cancillera, *conserja, *médica o *sumillera? ¿Acaso deberemos hablar en el futuro de *ciclistos, *pianistos*, etc?
Un procedimiento acerca del cual la RAE no se ha pronunciado (al menos, no tenemos noticia de ello), adoptado por millones de internautas, consiste en utilizar el símbolo de arroba “@”, en sustitución de la “-o” de masculino no marcado, a la que aludía Ignacio Bosque. Se trata, quizás, de una solución que podría acercar ambas posturas, ¿no? ¿Tú qué piensas?
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