viernes, 14 de septiembre de 2018

Nueva York barato. Día VI

Hoy es nuestro último día en New York; a las 11 tenemos cita para participar en una visita guiada gratuita (el otro turno de visitas diario es a las 16:00) a la Public Library, que llevan a cabo personal ya retirado y voluntarios de la biblioteca. Como llegamos a la zona antes de tiempo, tenemos tiempo de visitar Bryant Park, apenas mayor que el jardín de un palacete, se le puede aplicar etimológicamente el concepto de distopía de forma más acertada a como se utiliza la palabreja de marras con profusión últimamente. Encajado entre rascacielos, es difícil pensar en una ubicación más sorprendente para este parque.

Tras una hora de visita en la Public Library, recorremos la Calle 42 en dirección a la sede de la O.N.U. En la acera de enfrente de la entrada al recinto encontramos el puesto con los perritos más baratos que hemos probado hasta ahora (2$ cada uno). En poco más de una hora, nuestra guía, Ana Mª Manero Valles, nos lleva por las distintas dependencias, nos habla del cometido de la ONU, de sus órganos de funcionamiento y sus principales logros hasta el momento presente. Lo hace con tanto entusiasmo, claridad y eficacia, que la despedimos con un aplauso sentido.
Para la tarde, hemos planeado las últimas compras en un centro comercial que está a unos kilómetros del hotel, en el barrio de Queens. Se llama Queens Center. Llegamos a tiempo de comer allí, en una de las típicas Food Court de estos sitios. Elegimos una de las muchas franquicias, en este caso, de comida asiática: Sarju Japon. Sushi, pollo y ternera teriyaki por 34$ (cuatro personas).
Ya solo falta nuestra despedida de Nueva York: subida al Rockefeller Centre, the Top of the Rock, en el momento más especial, con las últimas luces del día y las primeras de la noche.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Nueva York barato. Día V

   
 
   A las 9:30, salimos del hotel. Improvisamos y, cogemos por vez primera el autobús para entrar a Manhattan por el famoso Ed Kock Queensboro Bridge; para ello, esperamos el autobús Q32 entre las paradas de metro de Queens Plaza y Queensboro Plaza. Pero,  10 minutos después, en pleno puente, y ante un frenazo repentino, el conductor no detiene el autobús a tiempo y colisionamos levemente con el vehículo de delante. Afortunadamente no hay heridos y los daños parecen mínimos, pero debemos  esperar a la policía antes de seguir camino. Tras el susto, charlamos con otros pasajeros, entre ellos una señora en sus cincuenta y muchos que dice que en más de 35 años tomando autobuses de N. Y. nunca había tenido un accidente en uno de ellos. Nosotros le contestamos que nos hemos accidentado en nuestros primeros 10 minutos en un autobús de N. Y, lo que no deja de ser curioso.   
   Al llegar a Manhattan, y con 40 minutos de retraso, nos bajamos en una de las primeras paradas, la que está cerca de la Segunda Avenida, para subir al teleférico (Tramway) que nos llevará a Roosevelt Island. Está incluido en la red de transportes públicos de N. Y., con lo que el acceso es gratis con la Metrocard. Tiene increíbles vistas al lado Este de Manhattan, los edificios de la ONU en primer término, con el East River de por medio. Resulta curioso conocer que viven unas 9000 personas en esta isla tan peculiar de forma alargada. Y que, desde 1800, por estar aislada de Manhattan, adonde no se podía acceder si no era en barco, albergó penitenciarías, hospitales para enfermos infecciosos  con patologías mentales, de quienes, los habitantes de Manhattan deseaban sentirse alejados.


   Después, volvemos en el teleférico a Manhattan y nos encaminamos hacia una de las visitas más deseadas de la semana: Museo de Historia Natural. No decepciona, hace las delicias de pequeños y mayores (a modo de resumen sumarísimo: la secuoya gigante, la ballena azul colgada del techo, la réplica de Lucy, nuestro antepasado australopiteco más famosa, los dinosaurios y el espectáculo 3D en la sala teatro.
   Comemos en  Cozy Hamburguers, por recomendación de unos amigos, unas genuinas hamburguesas americanas, muy ricas, por unos 50$ (cuatro personas) y de ahí bajamos hasta Washington Square Park. 
   Fracasamos en nuestro intento de subida al Top of the Rock. Habrá que volver a intentarlo al día siguiente.
   

lunes, 3 de septiembre de 2018

Nueva York barato. Día IV


  Vamos en metro hasta Whitehall. La proximidad del Financial District convierte este destino en una buena opción para un paseo largo, pero nuestro objetivo esta mañana se encuentra lejos de Manhattan. Se trata de dedicar unas cuantas horas a pasear por D.U.M.B.O. y Brooklynn Heights, justo antes de cruzar el puente de Brooklyn y, ya en Manhattan, encontrar algún sitio económico y con encanto para comer en la zona de China Town.
   Así que, sin demorarnos, pasamos por delante de Staten Island Ferry Terminal, dejamos atrás Wall Street Heliport (con su zumbido incesante de helicópteros que salen cada pocos minutos para acercarse a los rascacielos del sur de Manhattan) y, finalmente, llegamos a Pier 11 y cogemos el ferry dirección a Brooklyn: Solo 2,75 $ por persona y un cuarto de hora de trayecto. Hay todo un mundo en las excursiones en barco que pueden hacerse en Nueva York, desde las más sofisticadas (que incluyen cruceros de un par de horas o cena), hasta las más sencillas en ferries de la red pública de transportes a distintos destinos (Brooklyn, Staten Island, Liberty Island, Governor's Island) . Nosotros nos decantamos por esta última opción. Si queréis ampliar la información de este tipo de traslados, podéis consultar la entrada del blog Mejores Planes Viaje a Nueva York.

   Ya en Brooklyn comenzamos el paseo por D.U.M.B.O. (acrónimo de Down Under the Manhattan Bridge Overpass) y alternamos las vistas de Manhattan Sur con el disfrute de la recuperación de esta zona portuaria, degradada no hace mucho tiempo. Hacemos una parada para un helado, pero en lugar de la archiconocida Brooklyn Ice Cream Factory, recomendamos tomar el helado en Jacques Torres, tan solo a 200 metros, mucho menos concurrido y más barato. Además, se agradece el aire acondicionado en una mañana tórrida, a pesar de que el cielo esté nublado. A continuación continuamos paseo por Brooklyn Heights, paseo que podría prolongarse durante todo el día (e incluir, entre otros, el Brooklyn Children's Museum, Plymouth Church, o la Brooklyn Historical Society). También se puede comer en las inmediaciones del Brooklyn Bridge, de forma destacada tal vez algunas porciones en Juliana's Pizza, donde el horno tradicional de leña de Patsy Grimaldi convierte sus pizzas en unas de las más afamadas de la ciudad.


   Pero hemos decidido que la comida sea hoy de vuelta en Manhattan, tras cruzar a pie el Brooklyn Bridge.
Comida en China Town. Restaurante Chatham: Arroz con pollo al curry, con ternera y tomate; o con pollo y apio.
Para completar el día de hoy aún nos queda la visita al 11 S Memorial y, si da tiempo, unas compras en el centro comercial 21st Century.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Nueva York barato. Día III

   Llegamos a Manhattan sobre las 10:00, con la intención de visitar Saint Patrick's Cathedral. Como coincide con la hora de misa, nos quedamos un rato a la ceremonia, porque se nos antoja una magnífica ocasión de participar de una experiencia neoyorquina de domingo por la mañana. Descartamos asistir la misa gospel en Harlem, aunque era otra de las sugerencias más apetecibles. A la salida de Saint Patrick's Cathedral, paseamos por los alrededores, nos acercamos al hotel Lotte New York Palace y nos hacemos unas fotos en el patio de la entrada. Si viajas con adolescentes, es posible que hayan visto una serie tan neoyorquina como TV Gossip Girl. Así que apreciarán poder incluir en la ruta turística del día algunos puntos elegidos por ellos. En esta web, encontraréis 19 ubicaciones más donde se rodó la serie. Se trata, por sí mismo, de un edificio singular, donde contrastan la antigüedad de las primeras plantas con el aspecto vanguardista que otorga el cristal y el acero (como sucede con la mayoría de los rascacielos). Su historia nos cuenta que las Villard Mansions fueron construidas por el magnate Henry Villard, que se arruinó y se vio obligado a venderlas. En 1980, tras una polémica sobre si debían o no ser derruidas, y ante el afortunado rechazo a la demolición por parte de las autoridades competentes, Helmsley Corporation (propietaria de las Villard Houses y de los derechos en altura del solar en el que se encontraban) aceptó el nuevo proyecto y mandó construir el rascacielos que se ve en segundo plano, respetando la construcción original de las mansiones.

   De ahí, otra vez al metro, rumbo al exclusivo Upper East Side, nos bajamos en Lexington Avenue esquina con la 86 St y recorremos algunas calles para tomar la temperatura del barrio, que está más bien apagado y desierto, pese a ser domingo por la mañana, o quizá precisamente por ello. Hemos descartado el famoso brunch, pero si ese es el plan que más os apetece, aquí tenéis un abanico de posibilidades que ofrece la web anuevayork.com 
   Nosotros optamos por la alternativa más económica de comprar comida para llevar y hacer un picnic en Central Park (si estás en verano en las inmediaciones de Central Park es posible que encuentres fuentes, chorros refrescantes o incluso piscinas, así que prevé llevar bañador, toalla y puede que unas chanclas). Hacer picnic en Central Park es otro de los topicazos neoyorquinos que no podemos dejar pasar, así que caminamos en dirección norte, dejando atrás el Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir y a la altura de la 97th St Traverse, frente a East Meadow encontramos una zona que nos parece de lo más adecuada para sentarnos a comer, ya que el cansancio ha hecho mella en nosotros, pero si tenéis duda, en la web Voy a N. Y. os ofrecen hasta 8 ubicaciones perfectas para hacer un picnic en Central Park. 
   La siguiente parada era del gusto de los más peques. Se trataba de Lasker Pool, una piscina pública en la zona norte de Central Park, ya lindando con el barrio de Harlem. Para entrar solo hace falta llevar ropa de baño y un candado. Fue un paréntesis estupendo antes de seguir la ruta del día. Aún nos quedaba un paseo por Morningside Heights (nos quedamos boquiabiertos con la enormidad de la catedral de Saint John the Divine (en cuyo interior da la sensación de que podría jugarse un partido de fútbol; no esperéis verla terminada, según los planes más optimistas no se concluirá hasta 2050); la universidad de Columbia y Harlem (Sala Apollo, Outlet de Gap y rendidos de cansancio, un Mc Donalds). 
   
   
   

lunes, 20 de agosto de 2018

Nueva York barato. Día II

Por la mañana, visitamos la Estatua de la Libertad. En este caso sí que es aconsejable madrugar porque hay largas colas para acceder al ferry que lleva hasta allí. Nosotros no lo hicimos y sufrimos las consecuencias en forma de una hora de espera desde que nos pusimos a la cola hasta el momento de subir al ferry, rumbo a Liberty Island (Por cierto, hay que pasar control de seguridad antes de subir al ferry). En el New York City Pass se incluye la visita a la isla de la Libertad, pero si queréis entrar en el interior de la estatua y subir hasta lo más alto, la corona, es necesario adquirir las entradas aparte, y recomendamos que lo hagáis con antelación al mismo día de la visita, porque se suelen agotar. Preved que la visita a las dos islas: Liberty Island y Ellis Island llevará unas cinco horas, más el tiempo que destinéis a visitar el interior de la Estatua de la Libertad, si lo habéis decidido así.


   De Liberty Island el ferry te lleva a Ellis Island, donde se visita el Inmigration Museum (visita incluida en el N. Y. City Pass). Desde la llegada en barco, apenas caminando unos centenares de metros en dirección opuesta al Museo de Inmigración hay una vista preciosa del sur de Manhattan y su Skyline. El Inmigration Museum fue el centro de entrada de inmigrantes a los Estados Unidos desde 1892 hasta 1954. En el museo hay una exposición muy interesante sobre cómo fue durante décadas el acceso a E.E.U.U. de inmigrantes procedentes de todas partes del mundo. Hay paneles informativos que te permiten hacer la visita con autonomía. Aun así, existen visitas guiadas gratuitas al museo a diario, a cargo de agentes Rangers del National Park Service (puedes consultar su web en este enlace). La visita es en inglés y dura unos 40 minutos, muy recomendable. Cuando salimos, se nos había hecho tardísimo. Engañamos un poco el hambre tomando un perrito caliente en el ferry que nos devolvía a Manhattan desde Ellis Island.
   Habíamos pensado comer en Chelsea Market, pero dado lo tarde que se nos había hecho (ya eran más de las 17:00), encontramos un sitio antes que resultó un acierto: Gansevoort Market.
    Tras algo de descanso y con el estómago lleno, emprendimos la siguiente etapa. Se trataba de visitar Chelsea Market y desde allí recorrer el parque lineal de la High Line. El premio de final de camino era ver atardecer con el sol poniéndose tras los edificios de New Jersey. 

  
   

sábado, 18 de agosto de 2018

Nueva York barato. Día I

Hoy es nuestro primer día completo en New York. Usamos el desfase horario a nuestro favor para aprovechar bien el día y no nos cuesta madrugar.
Primera parada: Empire State Building, cuya visita está incluida en el New York City Pass (Con este pase se incluyen 6 atracciones al precio de 113€ los adultos y 93€ los niños) Y aquí tenemos que hacer un inciso: existen distintos pases que ofrecen "atracciones" agrupadas a un precio determinado, para visitar la ciudad, como si N. Y. fuera un gigantesco parque de atracciones y, en ocasiones, lo parece. Tenéis una comparativa de los pases en el excelente blog Loving New York. En el nuestro, entre las opciones que se ofrecían había dos rascacielos. Decidimos empezar con el Empire State Building a primera hora de la mañana y, como nos han hablado de las maravillosas vistas de la ciudad con las últimas luces del día,  reservamos The Top of the Rock (en el Rockefeller Center) para el atardecer del último día. Llegamos pronto y apenas hay colas para entrar, o eso parece, porque en el interior del edificio se acumula más gente de lo esperado, entre otras cosas, por el control de seguridad que se parece al del aeropuerto. A pesar de todo, en poco menos de media hora estamos arriba. 



Tras bajar callejeamos por la Quinta Avenida, entramos en Macy's a descansar en las butacas de la planta de zapatería. Se agradece el aire acondicionado a pleno funcionamiento. De ahí vamos hasta Pennsylvania Station, vemos los alrededores del Madison Square Garden y paramos a comer en un sitio económico donde dicen que hacen unas pizzas estupendas en New York. Se llama Pizza Suprema  y puedes pedir pizza entera o porciones sueltas de una gran variedad (5$ cada porción, 34 cada pizza).


Por la tarde, pronosticaban lluvia, así que cogimos el metro hacia el Upper East Side, donde se encuentra la Museum Mile o Milla de los museos. Descartamos el Guggenheim, The Frick Collection o la Neue Galerie New York para centrarnos en el Metropolitan Museum of Art. Los museos cierran pronto en general (sobre las 17:00) y por ser viernes, este cerraba a las 21h. (también los sábados cierra más tarde), lo que nos vino de maravilla. Aquí toca hacer otro inciso: aunque las entradas a algunos museos están incluidas en los distintos tipos de N. Y. Pass, hay que recordar que las entradas a estos museos (en concreto, el Metropolitan y el American Museum of Natural History) son libres y gratuitas, y se solicita a los visitantes un donativo para el mantenimiento del museo. Se expresa la cantidad del donativo pero el visitante puede optar por dar una cantidad distinta.


   El Metropolitan Museum nos tocó la fibra más sensible y nos causó una impresión imborrable. Poca broma con el Met: es el museo más frecuentado de Nueva York y está entre los cinco museos de arte más visitados del mundo. Posee más de dos millones de obras y serían necesarios varios días para visitarlo en su totalidad. Es difícil quedarse con unas cuantas obras. Empezaremos por decir que alberga en su interior un templo egipcio (la pieza más antigua de todo el museo), como consecuencia del desmontaje piedra y piedra y traslado en 1960 por la inundación del valle donde se hallaba originariamente. Se trata del templo de Dendur (construido en el siglo I, por encargo del emperador Augusto) y seguiría la misma suerte que sus tres templos hermanos: el templo de Debod  sería trasladado a Madrid, otro a Turín y el último a Leiden (Países Bajos). Por otro lado, el Met posee uno de los mejores fondos en arte africano y de Oceanía del mundo, cuya visita es más que recomendable.
    En su plantas superiores, el Met presenta tesoros sin fin, sobre todo pictóricos: entre los pintores flamencos, Jan Van Eyck, Rembrandt (con su famoso Autorretrato), o Vermeer (Mujer con aguamanil). Hay que destacar la presencia de los españoles El Greco, Velázquez y Goya. Y para finalizar, los impresionistas franceses Monet, Cézanne. También Van Gogh, con su obra Los girasoles.
   Del clasicismo, señalaremos el Hombre con arpa (en la foto), procedente de las islas Cícladas y con casi 5000 años de antigüedad; también en la foto, Cabeza de mármol de un general griego (siglos I o II d. C.). En cuanto a la Edad Media, encontraremos una colección de armaduras y armas que garantizan un buen rato a los más pequeños. En la parte inferior de la foto, a la derecha, aparece un ejemplo del uso libérrimo que hacen los comisarios del museo para exponer los fondos, y que, en nuestra opinión, sería impensable en cualquier museo europeo con fondos medievales. Se trata de dos piezas de origen diferente (hay un amplísimo repertorio de piezas medievales de arte religioso procedentes de Francia y España, y que han llegado a Estados Unidos por métodos cuestionables, cuando no directamente ilegales) En este caso, se trata de un tríptico pictórico deteriorado al que le falta la imagen inferior del cuerpo central. Se decide incorporar una talla en madera policromada de una virgen con el niño Jesús, imagen de la que el tríptico sería una especie de marco. Estéticamente, aceptable a los ojos del visitante; una atrocidad para cualquier aficionado riguroso a la historia del arte. Sobre la peculiaridad de los norteamericanos para entender el arte medieval europeo podríamos hablar también en un apéndice del museo llamado The Cloisters Museum (a algunos kilómetros de distancia del Met), pero de este tema no podemos hablar aquí. Volveremos sobre ello en otra ocasión.
 

    
  

lunes, 13 de agosto de 2018

Nueva York barato. Llegada

   Hablar de Nueva York barato es un claro ejemplo de oxímoron, porque no se le puede aplicar el adjetivo barato en absoluto. Pero si eres un enamorado de la ciudad que has visto desde pequeño en multitud de películas y series y decides que ha llegado el momento de ir, aquí se ofrecen una serie de alternativas que pretenden ser económicas.

   Estados Unidos es el viaje más importante que hemos hecho en nuestra vida, por lo que empezamos a planificarlo con muchísima antelación. Recomendamos al menos un año, para indagar sobre precios de vuelos y alojamiento para poder elegir la mejor opción. Decidimos  que viajaríamos en el verano, que es cuando acumulamos más días de vacaciones.  La primera decisión que hubimos de tomar era si los vuelos serían directos o con escala. Estuvimos comparando precios bastante tiempo y dejamos escapar alguna buena oportunidad (sobre el mes de noviembre) que más tarde lamentaríamos. Finalmente, compramos  los billetes (500 euros por persona, vuelo directo desde Madrid) a Air France en febrero para viajar a finales de julio en un vuelo operado por Delta Airlines, un gigante estadounidense, aunque una compañía desconocida para nosotros, pero que se reveló como un gran acierto (si viajáis con niños, disfrutarán de las atenciones a bordo, como pantallas individuales con gran repertorio de películas infantiles, almohada y mantita, dos comidas, y bebidas a demanda en las más de 7 horas de vuelo).

   La llegada a New York puedes tenerla prevista de antemano o decidir allí. Nosotros aterrizamos en el JFK Airport a mediodía. Habíamos descartado el shuttle (traslado en un vehículo privado, que puede ser o no compartido) por su alto precio y dudábamos entre el metro o un taxi. Pero como viajábamos dos adultos y dos niños, con maletas pesadas, optamos por el taxi. Nos costó 60$ al barrio de Queens, propina incluida.

   La elección del hotel también tenía su relevancia. Descartamos Manhattan para abaratar el precio y nos alojamos en una habitación cuádruple con cocina y baño individual en Home2 Suites by Hilton Long Island ubicado en el barrio de Queens (frontera con el de Long Island), junto a un nudo ferroviario, en una zona no muy bonita (no hagáis caso de su publicidad de vistas a Manhattan; las vistas existen desde la terraza, pero os decepcionarán). El hotel estaba cercano al acceso a Manhattan por el famoso puente Ed Kock Queensboro Bridge, a 5 kilómetros del acceso a Central Park por la W 57 Street (el que está enfrente del archiconocido Hotel Plaza). Cogíamos el metro en la estación de Queens Plaza donde dos líneas de metro diferentes te ponen en Manhattan en 20 minutos. En cuanto al transporte, nosotros hemos utilizado el metro y el autobús. La tarjeta Metrocard es muy recomendable. Por 29 $ por persona ofrece viajes ilimitados durante una semana.



   De manera que, tras llegar al hotel y dejar las maletas, nos fuimos corriendo y ansiosos al metro para plantarnos por vez primera en la Gran Manzana. El momento de subir las escaleras del metro y encontrarnos en Manhattan fue mágico. Aunque hacía muchas horas que habíamos salido de nuestra casa en España, aún nos quedaban fuerzas para pasear por la parte sur del Parque, tomarnos el consabido perrito caliente, pasar por delante de la fachada del Hotel Plaza y despejar nuestras dudas acerca de cómo sería la Torre Trump.



   Después de unas cuantas fotos, nos encaminamos a Times Square; eso sí, prevenid que la avalancha de gente que encontraréis a cualquier hora que vayáis no os quite parte de su encanto.





martes, 10 de abril de 2018

Mi gran familia europea, de Karin Bojs

Karin Bojs es una periodista sueca y directora de una prestigiosa revista de divulgación científica. Fue en el entierro de su madre, ante la visión del reducido número de familiares directos, donde surgió la idea de rastrear sus antepasados remontándose en el tiempo hasta nada menos que 54.000 años atrás. Dicha proeza solo es posible merced a los avances científicos en el campo de la Genética y el encargo a distintas empresas de estudios genéticos propios. Así, Karin Bojs hace un entretenidísimo relato de nuestra Prehistoria, deteniéndose en los orígenes africanos y los éxodos sucesivos con paréntesis temporales más o menos amplios entre unos y otros; la diseminación de las ramas de neandertales por diferentes emplazamientos de la actual Europa. Por el camino, se abordan la importancia del transporte de personas, animales y mercancías en rudimentarias embarcaciones, el uso de la rueda y el carro y el caballo con diferente finalidad. Repasa los hitos de la Paleontología: Atapuerca, Cro-Magnon,  las pinturas rupestres de Lascaux, Altamira, los monumentos megalíticos como Stonehenge, antepasados inolvidables como el arquero de Amesbury, Otzï, el hombre de hielo. Abordando las teorías más innovadoras envolviéndolas con una manera de contar dinámica y asequible para el lector profano en la materia, se pasa revista a los hecho más significativos como la convivencia entre neandertales y sapiens, los inicios de la agricultura, la ganadería, la primera elaboración de cerveza, la indagación sobre el vasco como la lengua de los primeros agricultores que migraron hasta la Europa más occidental, y más cuestiones interesantes que harán las delicias de los lectores interesados en la Prehistoria.

Nueva York barato. Día VI

Hoy es nuestro último día en New York; a las 11 tenemos cita para participar en una visita guiada gratuita (el otro turno de visitas diar...