Un poco de humor refrescante para empezar el mes de agosto. Así ven los geniales Joaquín Reyes y sus secuaces cómo han cambiado las cosas en las relaciones entre padres e hijos y la chiquillería en general.

La frase de... Bertold Brecht


Tomo prestada la sección de mi amigo Jesús, como siempre, un volcán en erupción de nuevas sugerencias para blogs.
Y sin más preámbulos, ahí va la frase: "El público es una asamblea de individuos capaces de reformar el mundo que reciben un informe sobre él".


Se han cumplido 100 programas de Cámara abierta, el programa de TVE dedicado a la difusión de las nuevas tecnologías y su aplicación a distintos campos del saber y la sociedad. Lo celebraron en la terraza de La Casa Encendida y consiguieron reunir allí a muchos de los que hemos aparecido en estos 100 programas.
Rosa hizo la crónica para El País. Entre los asistentes, los miembros del "club de los profesores blogueros": Pedro, socio fundador, Jesús y yo. Sólo faltó Juan.
Muchísimas gracias a Georgina Cisquella y su equipo por pensar que merecíamos hueco en uno de sus 100 programas y por invitarnos a la celebración del otro día.
Ahí van unos vídeos sobre el evento: en primer lugar, enlace con el programa número 100.
En el siguiente enlace, asistimos a la fiesta de celebración con todos los blogueros e internautas.
Y finalmente, recordamos el reportaje que nos dedicaron a unos cuantos profesores con blog.


Las XXXI Jornadas de teatro clásico de Almagro han querido hacer protagonista a la mujer y, en concreto, el papel que tenía la mujer en el teatro del siglo XVII. Los resultados han sido bien interesantes. Puede comprobarse consultando el programa. Se abordó la figura de la actriz que se prepara (charla divertidísima, a cargo de Víctor Dixon), parejas cómicas en el teatro áureo: notablemente, la formada por Juan Rana y Manuela Escamilla. Teresa Ferrer presentó en su ponencia el DICAT, diccionario de actores, de inminente aparición. Se procedió al análisis de diferentes protagonistas de comedia femeninas, deteniéndose en su proceder y en los condicionantes sociales que enmarcan su actuación (a veces, respetados y otras no). En este aspecto, fue muy destacable la conferencia de Rosa Navarro Durán. La académica de la historia Carmen Sanz disertó sobre el hato de la actriz, distinguiendo entre el hato intangible y el hato material, por ejemplo, los vestidos con que una mujer se incorporaba a una compañía. En fin, las Jornadas no decepcionaron y la sabia batuta de Felipe B. Pedraza, de la universidad de Castilla La Mancha, acertó en la organización y en la elección de los ponentes, así como en los temas de las conferencias.
El jueves, 3 de julio, coincidiendo con el final de las Jornadas pudo verse un espectáculo del que ya hemos hablado aquí: nos referimos al montaje que propone el joven director César Barló de Los comendadores de Córdoba, de Lope de Vega.
Se trata de un montaje humilde en producción y medios, pero sin complejos y con un resultado vibrante desde el punto de vista interpretativo (cabe destacar el personaje del 24 de Córdoba, interpretado por Alberto Gómez con derroche de energía y verso impecable al mismo tiempo). La representación en Almagro quizá pone la guinda al trabajo sobresaliente de una joven compañía y la productora Almaviva.


El uno de julio pasado se estrenó el nuevo montaje de la CNTC con dirección de Eduardo Vasco de este Calderón tan poco transitado en el hospital de San Juan, uno de los escenarios de Almagro menos agradecidos, quizá por su carácter de espacio abierto, amplio y, sobre todo, frío, en lo que a emoción teatral se refiere.
Sobre el preestreno puede consultarse la siguiente crítica en El País.
Nosotros lo presenciamos al día siguiente del estreno y destacamos, como es habitual en la Compañía, la gran calidad de la puesta en escena, el vestuario (de Lorenzo Caprile), la magnífica imbricación de música y texto y, sobre todo, la interpretación: el elenco de actores cumple ya su quinto montaje y se nota que los mecanismos están bien engrasados y funcionan a la perfección. En el coloquio con los actores y el director, al día siguiente de la representación, se planteó una cuestión interesante, la del posible abuso de la técnica del disfraz como recurso cómico, que puede transformar al galán en gracioso, conceptos que no podían mezclarse en absoluto en el teatro áureo. Eduardo Vasco contestó que en numerosas comedias del siglo de Oro hay, al menos, un galán que tiene ribetes de gracioso y, por tanto, no se traiciona al texto haciendo menos galán al galán transformándolo en gracioso, buscando la complicidad del público del siglo XXI, necesariamente distinto del del XVII. No estamos de acuerdo del todo. Admitimos que Eduardo Vasco ya le ha sacado mucho provecho a la utilización de galán como gracioso en, por ejemplo, Las bizarrías de Belisa, de Lope de Vega, pero en este caso se trataba del tercer galán, no del primero. Además, el papel de criado gracioso en Manos blancas.. le corresponde nada menos que a Toni Misó, a quien hemos visto hacer graciosos desternillantes (por ejemplo, el rústico criado de Del rey abajo ninguno, de Rojas Zorrilla)y sabemos de lo que es capaz. Pues bien, aquí nos parece su papel de gracioso, desdibujado, "frenado", desaprovechado más allá de alguna zapateta extemporánea. Se ha sacrificado a un gracioso por aupar a otro que no lo era en el texto de Calderón. Por eso, incluso para el público del siglo XXI chirría que el galán-gracioso se quede con la dama al final de la función. No sabemos si por este motivo o por otro, el recibimiento por parte del público del nuevo montaje de la C.N.T.C. fue tibio, por no decir frío.

El pasado uno de julio presencié uno de esos momentos que al aficionado al teatro sólo le es dado vivir unas cuantas veces en la vida.
Me hallaba en el Festival de Teatro Clásico de Almagro y, de las representaciones programadas para ese día, me había fijado en el estreno de Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, a cargo de la compañía mexicana Coordinación Nacional de Teatro.
Sorprendentemente, el director del Festival, Emilio Hernández, se dirigió al público para comunicar que el vestuario, utilería y elementos de escenografía no había llegado desde México, con lo que peligraba el estreno. No obstante, el director y los actores habían decidido adaptar un nuevo montaje prescindiendo de los elementos de los que no disponían. El público recibió respetuosamente el mensaje y la representación comenzó.
Salvada la impresión inicial de ver a los galanes del siglo de Oro riñendo mano a la espada con pantalones vaqueros y camisetas oscuras con el rótulo de "Almagro Clásico", todo el público entró en el juego teatral de "querer creer" y los actores, se diría que encorajinados por el contratiempo, se entregaron a su interpretación apasionadamente. Como resultado, un texto conceptuoso, difícil como el de Sor Juana Inés de la Cruz se desgranaba, diluía su complejidad y llegaba hasta el público de forma clara, creíble.
La comunión entre actores, espectáculo y público fue perfecta, inefable. Al término de la representación los aplausos atronaron el corral y algunos actores, liberada ya la tensión, rompieron a llorar por la acogida que había tenido el montaje a pesar de las dificultades. Uno, que es perro viejo como espectador de comedias áureas quiere pensar que no se dejó llevar del embrujo del Corral de Almagro (que puede que también; de hecho si tienes que representar sin escenografía ni utilería, ¿qué mejor sitio que un corral de comedias del siglo XVII?). Lo que presenciamos el pasado uno de julio fue un espectáculo redondo, teatro con mayúsculas. Adjuntamos una foto del coloquio con actores que mantuvimos al día siguiente.

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