sábado, 27 de diciembre de 2008

Ha muerto Harold Pinter


Prototipo de dramaturgo comprometido, genio monstruoso del teatro de la segunda mitad del siglo XX, Harold Pinter murió el pasado 24 de diciembre a los 78 años de edad. Nacido en un barrio obrero, impactó con su primera obra a los 27 años, The birthday party , aunque no sería hasta tres años después cuando le llegó el éxito con The caretaker. A ellas siguieron The lover y The homecoming (ésta última podrá verse en el Teatro Español de Madrid el próximo mes de febrero con el título de Regreso a casa ) y así hasta un total de diez obras largas, que unido a un puñado de piezas breves conforman su producción teatral. No fue un autor muy prolífico. Desde la década de los 70 compaginó su labor como director teatral, actor ocasional, con colaboraciones en los periódicos The Guardian y The Independent donde sus escritos estaban fuertemente marcados por su ideología izquierdista. En el ámbito cinematográfico, escribió más de viente guiones de películas, aunque sin duda marcó un hito en su carrera con la nominación a los óscar de Hollywood por la adaptación de la novela de John Fowles al guión de la película La mujer del teniente francés en 1981. Políticamente, fue siempre un ejemplo de coherencia: le expulsaron de la embajada estadounidense en Turquía porque en un acto de reconocimiento a Arthur Miller reprochó las torturas que se ponían en práctica en ese país, rechazó el título de Sir británico porque se lo concedía un gobierno conservador, y de todos es conocido su discurso de aceptación del Premio Nobel. Lejos de toda complacencia, cargó las tintas contra el mundo occidental en general y contra su gobierno británico en particular, que aceptaba sin sonrojarse la intervención de la O.T.A.N. en Serbia, o la política colonialista de E.E.U.U. en Afganistán y, sobre todo, en Irak.
En cuanto a la valoración de su estética, Harold Pinter ha ido ganando enteros desde la apreciación inicial de que se trataba sólo de un epígono de los autores del absurdo (consideración sustentada en su amistad con Beckett). El teatro de Pinter va más allá del absurdo, sus personajes se mueven de forma absurda por el miedo visceral, la angustia existencial ante una sociedad que les machaca, que les golpea una y otra vez, y de la que se esconden inútilmente.
De él pudimos ver hace poco < El portero, en una producción del teatro La Abadía de Madrid con dirección de Carles Alfaro. Para subir al escenario el "realismo minimalista" de Pinter (con la importancia de sus silencios tan prolongados) se recurrió a una escenografía maximalista, abigarrada, de acumulación de objetos inservibles que convertían la buhardilla del protagonista en un habitáculo donde la sensación de claustrofobia se vuelve insoportable. Con la acción reducida al mínimo, era el lenguaje el desencadenante del conflicto, una vez que los personajes perdían el refugio de los lugares comunes. Homo homini lupus, la máxima de Hobbes puede aplicarse al teatro de Pinter y, sobre todo, a esta obra que tan buen saber de boca nos dejó.
De Harold Pinter y su teatro ha dicho Mario Gas: "El realismo minimalista y serial de sus diálogos reducidos a un non sense significante, despojados de trascendencia, se convertían en trallazos de incomunicación, soledad, miedo, alienación del llamado mundo normal. Así Pinter se convirtió en un diseccionador del hundimiento del hombre contemporáneo, apresado por un bombardeo de estímulos destructivos inducidos por el poder aniquilador de nuestra sociedad [...]. Era como si Beckett descendiera a lo cotidiano". Y Marcos Ordóñez escribió la siguiente valoración "Pinter no es simbólico. Ni absurdo. No necesita dramaturgias ni escenografías que expliquen el concepto. No es realista ni surrealista sino superrealista: su teatro es un concentrado extremo de realidad. Que incluye, naturalmente, los sueños y los deseos secretos y las realidades paralelas, y todo lo que no se dice, y lo que se dice para no decir lo que quiere decirse. Y el dolor, y el humor, un humor que suele ser lírico y feroz al mismo tiempo: el deadpan de los cómicos ingleses, que dejan caer sus frases como gotas de té en mitad de un incendio".
Como homenaje, insertamos uno de los vídeos que hemos encontrado en Youtube, en concreto, el de discurso de aceptación del Premio Nobel con subtítulos en castellano. Que lo disfrutéis.

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