Una buena amiga a la que le presté Los detectives salvajes, de mi idolatrado Roberto Bolaño me habló de este libro del que yo no había oído nada. Me lo prestó no sin antes encarecerme las similitudes con la novela de Bolaño, pero después de leerlo, queda claro que la propuesta de Jorge Franco Ramos es bien distinta de la del novelista chileno, a quien costará encontrarle un sustituto y de quien no podemos sino lamentar su escasa producción literaria.
Un triángulo de personajes mueve la trama en la Colombia de las drogas y la juerga nocturna. Rosario Tijeras, encumbrada a la altura de mito viviente, de origen humilde, sobrevive en un ambiente más que peligroso dedicándose a la prostitución y al trapicheo de drogas, cuando no a los asesinatos por encargo. Los otros dos ángulos corresponden a dos señoritos de la alta sociedad que se enredan con Rosario en la noche colombiana y ya no salen de su vida: uno es Emilio, más que atrevido, temerario, que seduce a Rosario y desafía a sus peligrosos acompañantes sólo con desearla. El otro es el enamorado platónico de Rosario, siempre anhelante, soñador; se convierte en el mejor amigo y confidente de ella, a la espera de que ocurra algo más. Entre tanto, se suceden las peripecias, las pendencias, los crímenes, los intentos de cambiar de vida, hasta el encuentro final de los tres personajes en un hospital.
Una novela directa (mucho más que las de Bolaño), donde suena con singular encanto un castellano con agridulce acento colombiano. Entre los hallazgos más contundentes de Jorge Franco Ramos destacamos el inicio de la novela: "Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte". ¿Quién es el guapo amante de la novela negra capaz de resistirse a un comienzo como éste?

¡Adiós, Marimoli, Adiós!

Me veo obligado a dejar la que ha sido, por así decirlo, mi segunda casa, el Marimoli. Estoy abrumado por todas las muestras de cariño que he recibido estos días, pero llegó la hora de decir, si no adiós, al menos, hasta pronto. Han sido tres años en que lo bueno ha ganado por goleada a lo malo. Dejo buenos compañeros y magníficos alumnos; muchos de ellos me han regalado recientemente los mejores momentos en la profesión que elegí hace ya diez años. Con todos vosotros irá mi cariño y mis palabras (siempre que queráis contactar conmigo, podéis hacerlo en elculturero@gmail.com o periodicocole@yahoo.es).
Me despido con música e imágenes made in Youtube (que tanto os gusta a muchos de vosotros); he buscado canciones en cuyo estribillo hay mensaje de despedida: Cuando me vaya, de Melocos & Natalia, Me voy , de Julieta Venegas, Frágiles, de Pereza.
Espero vuestros comentarios donde podéis sugerirme alguna elección más acertada que las mías.
Un saludo a tod@s y hasta siempre.
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Rebeldes, de Susan E. Hinton


Éste ha sido el libro elegido como última lectura del curso para 3º de ESO. Parece que el libro ha tenido buena acogida: "no ha sido tan rollo como el de Sir Gawain", decíais algunos el otro día. Es por ello que se os pide vuestro parecer sobre algunas cuestiones.
Al final del libro, Johny escribe a Ponyboy una carta en la que le pide que "siga siendo dorado"; ¿a qué se refiere?
El libro está contado desde el punto de vista de un greaser: son chicos duros, pero muestran su lado humano. Aunque no lo parezca, también los socs
lo tienen y eso se percibe, por ejemplo, en la conversación entre Randy y Pony donde el primero reconoce que su amigo Bob hacía cosas malas, pero era un gran tipo, alguien especial (algo que había expresado con distintas palabras la novia de Bob, Cherry Valance).
En un libro en el que destacan las escenas de contenido violento, ¿piensas que hay espacio para lanzar un mensaje a favor de la convivencia pacífica? ¿Dónde está ese mensaje y cuál es, en tu opinión? Trata de aplicar esta situación del libro a la sociedad de hoy y escribe tu comentario.

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