Coincidiendo con los 25 años del periódico, los críticos literarios de El Mundo han seleccionado las que en su opinión son las 25 mejores novelas españolas de este periódico. ¿Qué grandes obras de ficción nos han acompañado mientras leíamos este periódico? La elección, por parte de siete especialistas, se ha hecho dentro del campo acotado de los novelistas nacidos en España y que escriben en castellano. 25 novelas para 25 años, un listado que provoca la curiosidad e invita a la polémica. No ha habido una lista previa sobre la que elegir y el orden de aparición responde, aunque con empates y pocas diferencias, al número de votos recibidos. Han elegido: Nuria Azancot, Ángel basanta, Blanca Berasátegui, Pedro G. Cuartango, Manuel Llorente, Santos Sanz Villanueva y Ricardo Senabre] 1. EN LA ORILLA RAFAEL CHIRBES (Anagrama, 2013). Con ésta, su novela más reciente, el autor ganó el Premio Francisco Umbral de este año. Fiel a la que viene siendo su trayectoria, Chirbes, de reconocida estirpe galdosiana, presenta un descarnado retrato de la España actual, azotada por males como la especulación inmobiliaria y el arribismo. La voluntad de denuncia no está reñida aquí con la riqueza verbal, el respeto por el lenguaje, igual que por unos personajes a los que el autor deja expresarse libremente. 2. LA NOCHE DE LOS TIEMPOS ANTONIO MUÑOZ MOLINA (Seix Barral, 2009). Tras una fulgurante revelación y una trayectoria ascendente (culminada en 2013 con el Príncipe de Asturias), Muñoz Molina nos dio con ésta posiblemente su mejor novela: un ambicioso y extenso relato sobre la Guerra Civil, con manifiesta voluntad de eludir sectarismos, y subrayando no una discutible épica, sino la terrible noche que arrasó el sueño de modernidad de la República. 3. CREMATORIO RAFAEL CHIRBES (Anagrama, 2007) Novela de éxito (fue Premio de la Crítica y dio pie a una serie televisiva) de un autor que ha llevado una trayectoria rigurosa, partido a partido, pertenece a una serie, no premeditada ni expresa, sobre el fracaso y la corrupción de una generación. Inconformista en sentido amplio, este enemigo declarado de la llamada literatura portátil huye de cualquier buenismo, aplica un sano perspectivismo, muy suyo, y emplea un lenguaje caudaloso y muy bien trabado. 4. RABOS DE LAGARTIJA JUAN MARSÉ (Plaza&Janés, 2000) Gran exponente (y superviviente) de la generación del medio siglo, la de Sánchez Ferlosio, Benet o García Hortelano, Marsé ganó el Premio de la Crítica con esta historia situada de nuevo en la posguerra, de fondo autobiográfico y en la que vuelve a jugar con las complejas relaciones entre verdad y mentira, apariencia y realidad. A esas marcas de la casa les añade algunos toques de fantasía, como un fantasma hamletiano, de humor e incluso cierto sentimentalismo. 5. JUEGOS DE LA EDAD TARDÍA LUIS LANDERO (Tusquets, 1989) Seguramente, la irrupción más contundente de los últimos 25 años. Landero ganó con esta novela los premios de la Crítica y Nacional y se reveló como un autor plenamente hecho (ya era cuarentón entonces). A través de un protagonista de clara estirpe cervantina, que se convierte en impostor de sí mismo, el autor, con notable dominio narrativo, indaga en los sueños incumplidos, en el contraste entre la realidad y el deseo. 6. EL HEREJE MIGUEL DELIBES (Destino, 1998) Con su última novela, Delibes, uno de los autores españoles indiscutidos, renovador de nuestra narrativa desde los 40, incurrió por una vez en el género histórico. Y lo dignificó al recrear la peripecia de un grupo de protestantes que acabaron quemados en el Valladolid de mediados del siglo XVI. Él mismo definió la novela como una defensa de la libertad de conciencia. Rica en incidencias y personajes, responde a su canon de «paisaje, personaje, conflicto». 7. VERDES VALLES, COLINAS ROJAS RAMIRO PINILLA (Tusquets, 2004) Monumental trilogía, compuesta por La tierra convulsa, Los cuerpos desnudos y Las cenizas de hierro, que reveló a un autor octogenario -un escritor literariamente autodidacta, cuyos maestros son Faulkner y García Márquez-, aunque había publicado varios títulos desde los años 50, ganando incluso el Nadal en el 60. Un ambicioso fresco sobre la transformación social del País Vasco desde el siglo XIX. 8. LA LARGA MARCHA RAFAEL CHIRBES (Anagrama, 1996) Novela de formación, según el propio autor, cuenta el largo proceso que va de la posguerra española, con sus humillaciones, silencios y difíciles supervivencias, al principio del fin del franquismo en el que una nueva generación («la joven guardia», según el irónico título de esa segunda parte) lucha contra el régimen sin poder liberarse de esa herencia del pasado. Grande y valiente novela con la complejidad y la falta de complacencia habituales en Chirbes. 9. EL DÍA DE MAÑANA IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN (Seix Barral, 2011) Con una estructura caleidoscópica -son otros los que cuentan la historia del protagonista-, al estilo de ciertas películas clásicas (Martínez de Pisón es también guionista), esta novela que fue Premio de la Crítica nos cuenta la trayectoria de un escalador social, un pícaro que llega a confidente de la policía política franquista, y, a través de él, como espejo stendhaliano, la España de los años 60 y 70 en que se incubó la transición a la democracia. 10. EL MAL DE MONTANO ENRIQUE VILA-MATAS (Anagrama, 2002). Alto y multipremiado ejemplo de metaliteratura, muy en la línea exigente de su autor. El jurado del Premio de la Crítica (también ganó, entre otros, el Herralde y el Médicis en Francia) señaló la «calidad indiscutible» de «un escritor heterodoxo, distinto, con voz propia» y empeñado en un proyecto literario muy personal. Un estilo hipnótico para una novela autorreferencial capaz de fascinar a numerosos lectores (e irritar a otros pocos lectores y algún crítico). 11. LOS PECES DE LA AMARGURA FERNANDO ARAMBURU (Tusquets, 2006) Una de las raras incursiones de la narrativa española en el problema del terrorismo y sus consecuencias. Abiertamente comprometido con las víctimas y con su memoria, el autor plasma una amplia gama de situaciones: las víctimas, sus familias, el terrorismo de baja intensidad, el miedo y/o la cobardía de una sociedad, el callejón sin salida de las vidas de los asesinos... 12. CORAZÓN TAN BLANCO JAVIER MARÍAS (Anagrama, 1992) «No he querido saber, pero he sabido...». El arranque de la novela ya nos sitúa en un mundo típico de su autor, en el que profundizará en títulos siguientes: el secreto, la posibilidad o necesidad de saber o ignorar cosas. Con su elegante estilo habitual, en las antípodas del sonajero, digno heredero de su maestro Benet, Marías cuenta una historia de complejas relaciones sentimentales, envuelta en intriga y sutiles misterios que tienen que ver con el pasado. 13. EL METRO DE PLATINO IRIDIADO ÁLVARO POMBO (Anagrama, 1990) Autor esencial de la casa Herralde, el editor le reservó el número 100 de la colección (inaugurada también por él) en que apareció esta reflexión sobre la bondad que obtuvo el Premio de la Crítica. Centrada en un personaje femenino típicamente pombiano, el autor quiso demostrar que el bien también puede ser literario. Excelente muestra del mundo personal y profundo de Pombo, así como de su peculiar empleo del lenguaje. 14 GALÍNDEZ MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN (Planeta, 1991) No todo Vázquez Montalbán es Carvalho, como no todo Chaplin es Charlot. Galíndez sólo comparte con la serie policiaca el interés político de fondo. Aquí, centrado en la peripecia de un personaje del PNV, el Jesús Galíndez del título, representante del Gobierno vasco en el exilio, secuestrado por la policía del dictador dominicano Trujillo en los años 50. Su historia se narra a través de la investigación que, en los 80, lleva a cabo la protagonista. 15. LA RUINA DEL CIELO LUIS MATEO DÍEZ (Ollero & Ramos, 1999) Segundo título de la trilogía de Celama -entre El espíritu del páramo y El oscurecer- con la que su autor encontró el espacio físico (mítico y simbólico a la vez) adecuado para unos personajes y tramas ya bien característicos y delimitados en su obra. Está aquí la Celama clásica, una cultura rural en trance de desaparecer, en una gran novela de la memoria comprometida, cuyo tema de fondo es una antropología de la muerte. Y con un estilo literario impecable. 16. EL EMBRUJO DE SHANGHAI JUAN MARSÉ (Plaza & Janés, 1993) Un Marsé de madurez, es decir, en plena forma y absolutamente genuino: Barcelona de posguerra, maquis legendarios y sueños juveniles deudores del cine y la cultura popular (lo que da pie a cierto juego metaliterario) confluyen en esta estupenda novela que fue Premio de la Crítica. Marsé vuelve a seducir con su estilo de apariencia sencilla y una historia agridulce que trata sobre la pérdida de la inocencia. 17. ESTATUA CON PALOMAS LUIS GOYTISOLO (Destino, 1992) Autor de una de las grandes novelas de la segunda mitad del siglo XX, Antagonía, Luis Goytisolo se caracteriza por la calidad del lenguaje, y unas estructuras hábilmente construidas en las que no se adivinan las costuras. Así es en este caso, en el que, con fondo autobiográfico, confluyen dos historias; una, en la Barcelona moderna, y otra en la Roma clásica. La obra mereció el Premio Nacional de Narrativa. 18. ROMANTICISMO MANUEL LONGARES (Alfaguara, 2001) Novela que lanzó a una merecidísima, aunque todavía discreta, popularidad a uno de esos autores que, como se ha dicho, desalojan menos espacio del que corresponde a su peso. La crítica, eso sí, reconoció con su premio anual a esta historia del final del franquismo, ambientada en el madrileño y franquista barrio de Salamanca, en la que, con ironía y un lenguaje de alta calidad, se cuentan los miedos y el aprendizaje democrático de esa burguesía salmantina. 19. LA LEYENDA DEL CÉSAR VISIONARIO FRANCISCO UMBRAL (Seiz Barral, 1991) Alto ejemplo de uno de los géneros más característicos de Umbral, el de la memoria del tiempo reciente, mezclando historia y ficción. Reconstrucción muy literaria, libérrima, llena de ese estilo suyo intransferible, de los años de la guerra civil en los ambientes de las dos capitales de la zona nacional, Burgos y Salamanca, entre realistas y míticas. Además, una fascinante galería de retratos de falangistas. 20. EL CORAZÓN HELADO ALMUDENA GRANDES (Tusquets, 2007) Quizá, la mejor novela de esta autora importante y de éxito, que le dio pie para iniciar una suerte de episodios nacionales centrados en la posguerra española. A través de dos historias paralelas, se reconstruye el devenir de dos familias desde los días de la guerra civil. Intensa, emocionante, galdosiana, bien documentada, con sólidos e inolvidables personajes y dosis de intriga, contiene también algo así como el árbol genealógico del Frente Popular. 21. SOLDADOS DE SALAMINA JAVIER CERCAS (Tusquets, 2001) El gran éxito de Javier Cercas, con múltiples premios y versión cinematográfica. La novela combina la narración de un hecho real, la supervivencia al fusilamiento, al final de la Guerra Civil, del escritor Rafael Sánchez Mazas, ayudado por unos milicianos en desbandada; y la investigación posterior por parte de un escritor. Historia con gancho (fue un éxito de ventas) que contenía una versión conciliadora. 22. LA SAGA DE LOS MARX JUAN GOYTISOLO (Galaxia Gutenberg, 1993) El desplome del comunismo, concretamente los abarrotados barcos de habitantes de un país excomunista (Albania), buscando un destino mejor en la Europa capitalista, están en el origen de esta novela. Con su estilo habitual, mezclando tiempos históricos y discursos, y rompiendo las estructuras narrativas tradicionales, Goytisolo mete una novela dentro de otra para contar la historia familiar de Marx, así como la de su controvertido legado teórico y político. 23. EL ESPÍRITU ÁSPERO GONZALO HIDALGO BAYAL (Tusquets, 2009) En este autor, pendiente de descubrir por los lectores, confluyen la creación de un mundo físico bien delimitado (la tierra de Murgaños, microcosmos que refleja a España) y un gusto por los juegos de lenguaje en una tradición que puede ir del barroco al OuLiPo. La historia transcurre entre los años 20 y los 40-50 del siglo XX. La erudición bienhumorada, el juego metaliterario, la riqueza verbal, son bazas de una novela muy por encima de la media. 24. EL CAZADOR DE LEONES JAVIER TOMEO (Anagrama, 1989) Kafka baturro, según una etiqueta tópica, maestro de la concisión y del absurdo, Javier Tomeo vuelve una y otra vez a sus relatos breves, de estructura teatral (muy dialogados), en los que disecciona a sus también pocos personajes con mirada de entomólogo. Éste es un buen ejemplo de ese modo de hacer. También del perfil inquietante y ominoso que pueden adquirir las situaciones cotidianas que creemos controlar. 25. LOS GIRASOLES CIEGOS ALBERTO MÉNDEZ (Anagrama, 2004) La posguerra, que ha dado lugar a novelas endebles y conformistas, adquiere una luz nueva en los cuatro relatos -relacionados entre sí, con personajes que reaparecen y situaciones que se reflejan- que forman este libro de aire unitario. La fuerza de las historias narradas está potenciada por un lenguaje de verdadera calidad, sin alardes efectistas. Supuso el descubrimiento póstumo de un autor importante.

A semejanza de Juan José Millás y su sección estival en El País donde narraba sus peripecias de navegación por Internet, piélago proceloso por excelencia, el otro día "me metí" en Internet un momento a consultar un dato, tarea simple, en principio. Pasadas dos horas sin moverme del sillón, ni apartar los ojos de la pantalla, hube de confesarme a mí mismo que me había desviado de mi objetivo inicial. Ello no quiere decir que los resultados de aquella pesca no merecieran la pena. Paso a explicitarlos a continuación: En primer lugar descubrí un blog estupendo que recomiendo encarecidamente: Conferencias culturales en Madrid. De ahí, llegué a un magnífico ciclo de conferencias en la Fundación Juan March sobre las catedrales góticas. Por último, revisando la hemeroteca he encontrado la grabación en vídeo de una conferencia reciente de Javier Cercas, uno de mis novelistas preferidos últimamente, sobre uno de sus temas obsesivos: la novela como género. Por supuesto, no se trata de una obsesión exclusiva, también lo es de Vilà-Matas, de Jordi Gracia, como, allende nuestras fronteras, de Jonathan Frantzen. En fin, que lo disfrutéis tanto como yo. La conferencia lleva por título: "En el corazón de toda buena novela hay una pregunta".

A la hora de analizar la estructura morfológica de un adverbio terminado en -mente, surge la duda de si considerar este formante culto como un sufijo, en la misma línea que otros procedentes de la lengua latina y griega, o, por el contrario, considerar "mente" como un elemento de composición, teniendo presente su etimología de sustantivo al que se añade un adjetivo femenino y da como resultado un compuesto. La RAE en la Nueva gramática de la lengua española afirma lo siguiente al respecto: "Oscila entre los morfólogos la caracterización formal del segmento -mente, ya que es sufijo para unos, pero elemento compositivo para otros. En efecto mantiene varias de las propiedades que tuvo como unidad léxica independiente, lo que -en opinión de algunos gramáticos- significa que debe asimilarse a los elementos compositivos en la lengua actual. El grado en que se produce esta asimilación es polémico, pero las propiedades que alejan -mente de otros sufijos son claras. En primer lugar, las bases a las que -mente se agrega son adjetivos en femenino, como consecuencia natural del género que corresponde a este sustantivo (tranquila-mente). En segundo lugar, no se da en este proceso derivativo la cancelación de la vocal final de la base que caracteriza la derivación en español ni otras alteraciones similares en los radicales. En tercer lugar, la base léxica sobre la que -mente incide mantiene un acento secundario: l[è]ntam[é]nte [...]. En cuarto lugar, cuando un adverbio en -mente está cuantificado (muy lentamente), el adjetivo se agrupa con el cuantificador para proporcionar la paráfrasis sintáctica que se considera adecuada: muy lentamente significa 'de manera muy lenta' -lo que sugiere la segmentación [muy lenta][mente]- y no, en cambio, 'muy de manera lenta'. A los argumentos que se mencionaron en el apartado anterior suele agregarse la capacidad que posee -mente de elidirse en los grupos coordinados de dos adverbios que contienen esa terminación, como en lisa-ø y llanamente. La elisión era infrecuente en la lengua medieval, pero se daba ya en la clásica y es común en la actual, sobre todo en la escrita."

Una tensión narrativa que no palidece. Artículo de Eduardo Lago en El País (23.XII.12) sobre la narrativa norteamericana actual Desaparecidas las figuras colosales de John Updike y Norman Mailer, ¿quiénes son los novelistas norteamericanos vivos más importantes? La unanimidad es imposible, pero un cierto consenso entre quienes tienen autoridad en estos asuntos apunta a que, por la envergadura y peso de sus trayectorias, los narradores estadounidenses más relevantes de nuestro tiempo son Philip Roth, Cormac McCarthy, Don DeLillo y Thomas Pynchon. El hecho de que todos hayan nacido en un intervalo de apenas cuatro años (Roth y McCarthy en 1933, DeLillo en 1936, y Pynchon en 1937) los afianza como los más claros representantes de varias maneras divergentes de entender el arte de la ficción. La lista no resultaría reductiva ni arbitraria, de no ser porque en ella no figura el nombre de una sola mujer. No es un caso aislado. En 2006, The New York Times recabó la opinión de 200 expertos, entre los que figuraba un nutrido número de novelistas, pidiéndoles que identificaran los títulos de las obras de ficción más importantes publicadas en Estados Unidos durante los 25 años anteriores. La novela que obtuvo más votos fue Beloved, de Toni Morrison, seguida de Submundo, de Don DeLillo. Además del de Morrison, la lista incluía tan sólo el nombre de otra escritora, Marilynne Robinson. En cuanto al número de títulos por autor, los tres primeros puestos los ocuparon respectivamente Philip Roth con seis (La contravida, Operación Shylock, El teatro de Sabbath, Pastoral Americana, La mancha humana y La conjura contra América), Cormac McCarthy con cuatro (Meridiano de sangre, más la Trilogía de la frontera) y Don DeLillo con tres (Ruido de fondo y Libra, además de Submundo). La renuencia a reconocer la importancia de las narradoras carece de justificación. No solo es formidable el elenco histórico de las novelistas norteamericanas (Edith Wharton, Gertrude Stein, Willa Cather, Carson McCullers, Flannery O’Connor, Eudora Welty, Grace Paley), sino que el número de autoras que escriben hoy ficción de calidad es similar, si no superior, al de los narradores. La cuestión de fondo es algo tan sencillo como que la historia crítica de la literatura la sigue controlando un establishment claramente masculino. Al cuarteto de autores antes señalados cabe contraponer otro integrado por novelistas que brillan a una altura similar: Joyce Carol Oates, E. Annie Proulx, Marilynne Robinson y Toni Morrison. Con casi 60 novelas y centenares de relatos en su haber, además de innumerables incursiones en todos los géneros literarios, Joyce Carol Oates (1938) es la más prolífica y versátil de las narradoras norteamericanas actuales y una de las de mayor talento. E. Annie Proulx (1935), tenía 55 años cuando publicó su primer libro, una colección de relatos. Su novela Atando cabos (1993) obtuvo los premios Pulitzer y Nacional del Libro. La película basada en su relato Brokeback Mountain, galardonada con un Óscar, la lanzó a la fama. Tras la entrega de su primera novela Marilynne Robinson (1943) esperó 24 años antes de publicar Gilead, con la que obtuvo el Pulitzer en 2004. Autora de tan solo tres novelas, su obra narrativa no va a la zaga de la de ningún autor contemporáneo, hombre o mujer. La afroamericana Toni Morrison, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1993 no necesita presentación. Su última novela, Volver (2012) se publicará próximamente en España. Todos los nombres citados hasta ahora corresponden a figuras con una dilatada trayectoria. Acercándonos a sus herederos con ánimo de discernir en qué dirección se mueve la ficción norteamericana más joven, uno de los nombres clave es el de David Foster Wallace. Su influencia sobre las nuevas generaciones de escritores de todo el mundo es inconmensurable. Autor de La broma infinita (1997), una de las novelas más radicales y audaces de las últimas décadas, Wallace se suicidó en 2008 con tan sólo 46 años. Dejó inacabada El rey pálido. Wallace también tenía su canon particular, integrado por Pynchon, Don DeLillo y dos altos representantes de la metaficción postmoderna: John Barth y Robert Coover, cuyo legado le resultaba problemático. De los realistas, ni rastro. Wallace abrió su reseña de Hacia el final del tiempo, novela publicada por Updike en 1997 con estas palabras: “Mailer, Updike y Roth son grandes machos narcisistas que vislumbran su propio fin con la muerte de la novela como telón de fondo”. El radar de Wallace hacía caso omiso de los misiles lanzados desde el realismo por considerar que se trataba de una opción estética totalmente periclitada y por tanto incapaz para narrar de manera adecuada la complejidad de nuestro tiempo. Con respecto a Barth y a Coover, creía que sus experimentos metaficcionales habían llevado a la novela a un callejón sin salida. En deuda por el contrario con Pynchon y DeLillo, de quienes aprendió a mirar hacia el futuro, pensaba que eran de los pocos autores parte de cuya obra quizá se siguiera leyendo dentro de cien años (en una ocasión efectuó la enigmática observación de que quizás se salvara el 25% de la obra de Pynchon). Situemos todo esto en una perspectiva histórica. En ¿Tolstói o Dostoievski?, su primer libro, George Steiner avanzó la hipótesis de que con el declive de las potencias europeas el testigo de la gran novela pasó a manos de los imperios emergentes de Rusia y los EE UU. Independientemente de que Europa siguió produciendo novelistas de gran envergadura durante mucho tiempo, había algo rabiosamente novedoso en el despertar narrativo de la joven nación norteamericana. A mediados del XIX, una nueva manera de entender el cuento y la novela echan a andar de la mano de Edgar Allan Poe, Herman Melville y Nathaniel Hawthorne, con obras como La letra escarlata y Moby Dick. En el lustro comprendido entre 1850 y 1855 surgen los nombres de Emerson y Thoreau en el ensayo, y Walt Whitman en la poesía. Pocas veces en la historia de la literatura han tenido lugar explosiones de talento de semejante calibre. A lo largo de la centuria siguiente el canon se refuerza con los nombres de Mark Twain y Henry James. Una breve escala en 1925 permite constatar que entre los autores que publicaron aquel año figuraban Hemingway, Faulkner, Scott Fitzgerald y Dos Passos. Lo que más interesa destacar de estos insólitos estallidos de genio colectivo es la persistencia de una serie de tensiones históricas que mueven el arte de la ficción en direcciones antagónicas (Twain: la voz del pueblo, como Whitman; James: la novela cerebral que se investiga a sí misma como medio; Hemingway, cultivador de una prosa de una claridad rayana en lo imposible frente a la extraordinaria opacidad impregnada de poesía de Faulkner). Cormac McCarthy prorroga la lección de Faulkner, de cuyas obras fue editor hasta su muerte; Roth es heredero de un linaje que incluye nombres como Saul Bellow o Bernard Malamud. La mayor colisión entre pulsiones narrativas de signo antagónico probablemente tuvo lugar en la década de los cincuenta del siglo pasado. En 1951 se publica El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, la novela más vendida de la historia de la literatura estadounidense, y en 1955, Los reconocimientos, de William Gaddis, probablemente la menos leída. Esta última es, no obstante, una obra fundamental, sin la que no resulta posible entender ni a Pynchon ni a Foster Wallace. También en 1955 vio la luz Lolita, de Vladimir Nabokov, uno de cuyos segmentos (el recorrido de motel en motel por el corazón del paisaje americano efectuado por la ninfa y su seductor) es una de las dos mejores novelas de carretera de todos los tiempos. La otra es En el camino, de Jack Kerouac, publicada dos años después. Desde entonces hasta hoy, la vitalidad de la narrativa norteamericana no ha dado en ningún momento síntomas de desfallecer. Las novelas publicadas por los ocho grandes nombres invocados antes recorren la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos del actual (Philip Roth publicó su primera novela en 1959 y Toni Morrison, la última en 2012). Con respecto a las tensiones que siempre han sido el motor de la tradición narrativa norteamericana, la más significativa de los últimos tiempos probablemente sea la mantenida entre David Foster Wallace y su mejor amigo, Jonathan Franzen, cuyos modos de entender el arte de la ficción no pueden estar más alejados. Inicialmente, sus posturas coincidían: se trataba de superar tanto el caduco modelo realista como el de los posmodernistas, que se habían olvidado de que debía haber algún tipo de vínculo entre la página y el mundo. Sus primeras novelas, La escoba del sistema (Wallace, 1987) y La ciudad número 27 (Franzen, 1988), respondían a un mismo orden de preocupaciones. Wallace no tiró la toalla nunca, en tanto que Franzen inició un proceso de regresión hacia formas más convencionales de narrar con Las correcciones (2001) y Libertad (2010), dos novelas que miran al pasado. Escrita antes que estas dos, La broma infinita (1997) dirige su mirada resueltamente hacia el futuro. En cierto modo, se puede decir que cuanto acontece en el panorama de la joven narrativa norteamericana actual toma postura frente a las Escila y Caribdis representadas por estas dos maneras antagónicas de novelar. Las letras estadounidenses siguen sin perder un ápice de vitalidad. El problema mayor a la hora de elaborar una lista de de nombres de interés, es lo que deja fuera. Así las cosas, proclamo que el interés de Richard Powers, Denis Johnson, A. M. Homes y George Saunders obedece a que la audacia de sus innovaciones no ahoga el milagro de su prosa; Chimamanda Adichie y Teju Cole interesan por su visión novelística, no por su raza negra; Jennifer Egan, Colum McCann, Dave Eggers y Jeffrey Eugenides interesan por la potencia de sus narraciones, no por ser blancos; Junot Díaz por su dominio del relato corto, no por ser hispano; la prosa de Thea Obreht cautiva por su vivacidad, no por su jovencísima edad. Por último, confieso que mi admiración por los nativos americanos Louise Erdrich y Sherman Alexie se deriva del hecho de que ambos han sabido preservar en sus historias la voz auténtica de sus tribus. Eduardo Lago es escritor. Este texto es reflejo de sus investigaciones como Catedrático de Excelencia en la Universidad Carlos III de Madrid



El Cultural de El Mundo publicó hace una semana una selección de los que un grupo de escritores y críticos literarios conshttp://www.blogger.com/img/blank.gifideran los mejores blogues literarios del momento.

Ahí va la información, que los disfrutéis y vuestras posibilidades de acudir en busca de buenas recomendaciones literarias se multipliquen:

Las mejores bitácoras literarias
Blogs en español más que recomendables

DANIEL ARJONA | Publicado en El Cultural de El Mundo el 29/07/2011

Territorio libre de la Red, Isla Tortuga en ese mapamundi cuyo centro está en todas partes y en ninguna que llamamos Internet, la blogosfera cuenta desde sus inicios con una prefectura poblada por letraheridos y biblioencandilados: la de las bitácoras literarias. Sus ciudadanos -escritores, críticos o sencillamente blogueros- ofician el comentario de lecturas, la crítica y contracrítica, el despliegue intelectual o la magia memorialística. Y cada vez más las pendencias y duelos literarios se cuecen en sus fronteras digitales. Hemos preguntado a treinta de estos nacionales por sus blogs literarios preferidos y el resultado son las siguientes direcciones tan diferentes entre sí como merecedoras de su visita.

Diario de lecturas
Vicente Luis Mora
vicenteluismora.blogspot.com

El Diario de Lecturas apuntó su primera entrada en 2005 con el afán de dar salida a la “crítica efímera”, a los excedentes de producción lectora de Vicente Luis Mora, director del Instituto Cervantes de Marraquech. “Nunca imaginé que lograse la notoriedad que alcanzó después. Con el tiempo, los objetivos cambiaron: intenté renovar el género de la crítica con nuevos formatos, como la video-reseña, el pasadizo intercultural o la hipercrítica, y ampliar el espectro de debate crítico e intelectual. La crítica-blog me parece más libre y expansiva, por sus posibilidades naturales: no tiene límite de espacio, ni de tiempo, ni de formato. Puedes incluir notas al pie, puedes insertar enlaces pertinentes, puedes debatir con el autor del libro, con lectores o con otros críticos, y permite al crítico ser criticado casi instantáneamente”. Facebook y Twitter amplificaron el eco de un blog en donde se invita de cotidiano a clásicos e hipermodernos, en prosa, verso o lo que se tercie, sin estridencias: Karl Kraus, Marco Aurelio, Fernández Mallo, el arte de vanguardia, la coincidencia metaliteraria de citas aparentemente disímiles, la filosofía zombie. La Academia al pie del cañón... o el cañón al pie de la Academia.

Lector Mal-Herido
Juan Mal-Herido
lector-malherido.blogspot.com

Mal-herido es el enragé de las bitácoras literarias, el clásico juerguista que la lía al final de la velada. Pero con una paradójica seriedad de fondo. El escritor Alberto Olmos alumbró a su Mr. Hyde bloguero, Juan Mal-Herido en 2005 con la divisa de “decir tonterías y barbaridades para impugnar el discurso de lo políticamente correcto, esto es, para delatar la inutilidad de cualquier discurso. Si se hacen reseñas literarias, o se parte de la reseña literaria para ir verbalmente en cualquier dirección, es porque nada inspira más la estupidez que leer libros estúpidos”. Seis años de tanta estupidez han convertido el blog de Mal-herido en un peligro público, y no porque la pacatería de Google, que gestiona la web Blogger donde Mal-Herido cuelga su bitácora, le haya colocado tres estúpidos rombos que entorpecen el acceso, sino porque no ayunta con nadie, y a la vez es casi imposible cogerle en flagrante acto de injusticia. El éxito del blog propició además una curiosa evolución contranatura, la publicación en formato libro de las mejores entradas que fueron borradas sin titubeos de la bitácora. Mal-Herido lee bien y cuenta mejor. Sin risas enlatadas. Aunque se comenta que ha perdido mala leche...

La nave de los locos
Fernando Valls
nalocos.blogspot.com

¿Qué anota exactamente Fernando Valls en su bitácora más allá del nido del cuco? No es sencillo agotar una lista tan extensa como heteróclita. Brinda microcuentos y microrretratos, se lanza a exégesis autobiográficas, anota sus paseos berlineses, se arranca por un obituario o por peticiones para nobles causas... Hasta el último recuento había publicado 1.517 entradas, recibido a 826.000 visitantes y contaba con 566 seguidores. Valls explica como “a menudo las entradas vienen determinadas por la actualidad, lo que me parece de interés o simplemente sorprendente o curioso. He intentado siempre que fueran variadas, pero tengo que reconocer que he pensado más en mi propio interés y placer, que en el de los posibles lectores. Casi siempre me he ocupado de asuntos que conozco y, cuando no era así, como en el caso de la música, o la ópera, he extremado mi prudencia. He procurado, al fin y a la postre, que las impresiones vertidas perduren a lo largo del tiempo, conservando algún rasgo de interés, pues no en vano se trata de un repertorio de curiosidades personales escritas con una cierta pasión y, espero, con conocimiento de causa. Si tres años y medio después sigo publicando una entrada diaria en la bitácora no es por las estadísticas, aunque estoy muy agradecido a los visitantes, seguidores y comentaristas, sino por la satisfacción personal que produce la escritura sin otras pretensiones que las del mero placer y el puro entretenimiento”.

Blog de Rafael Reig
Rafael Reig
hotelkafka.com/blogs/rafael_reig

Rafael Reig (Cangas de Onís, 1963) es un encantador. Siguiéndole entrada a entrada gozamos con el mejor espectáculo del mundo, la vida de un escritor tan feliz y deslenguado como culto. En sus memorables posts semanales da buena cuenta de sus borracheras, transcribe con frescura galdosiana sus conversaciones cotidianas, multiplica las fotos de su musa, su hija Anuska, y cuenta, cuenta y cuenta sus lecturas y las asociaciones tan complejas como hilarantes que le provocan. “Me interesaba crear una voz narrativa, un yo, que fuera ficticio (no es exactamente como yo), pero muy verosímil (se parece mucho a mí). Y me interesaba recuperar algo de la frescura de la Ilustración, como Montaigne, una constelación de memorias, ensayo, erudición, humor, cotilleo, crítica, panfleto político, diatriba, lirismo y prosa gamberra, todo revuelto y con la máxima libertad. Estos dos objetivos, en la medida en que se han cumplido, me han traído muchos problemas (los lectores creen que soy yo y se toman todo al pie de la letra) y muchas alegrías (frente a la solemnidad y el encasillamiento, muchos lectores sintonizan con lo que Cervantes llamaba la 'escritura desatada')".

Hemeroflexia
Andrés Trapiello
hemeroflexia.blogspot.com

El que fuera pionero en el arte del dietario exigente, torrencial, polémico y de una irresistible jovialidad se mantenía, sin embargo, reacio a probar su doppelgänger digital, el blog. Pero ha llegado, Hemeroflexia se llama y está escrito con su inimitable y simpática tinta. Advierte Trapiello que “se parece más a un viejo almanaque que a otra cosa. Recuerda un poco en el método a El arca de las palabras, un libro que escribí y publiqué a diario en La Vanguardia. Cada día se publica en el blog algo nuevo, más corto o más largo, glosas, retratos, aforismos, textos de intervención y crítica, prosas poéticas, algún poema, bastantes fotos también, pero poco yo y poca autobiografía. La relación escritura e imagen trata de ser relevante en él. Los asientos o entradas suelen estar escritos tres o cuatro días antes de su publicación, y corregidos durante ese tiempo. Otras veces son de la víspera, pero suele haber poca improvisación. Con frecuencia, ya publicadas las entradas, se corrigen. Las intervenciones de los lectores están sujetas a moderación. El propósito es el mismo que el de la publicación de cualquier otro texto literario. En mi caso este almanaque tiene algo de la respiración de un solitario”.

Libros y bitios
José Antonio Millán
jamillan.com/librosybitios

Referencia de análisis y crítica de la edición actual, fotograma del mundo del libro en el salto sin red a la reconversión digital, el blog de José Antonio Millán es uno de los más longevos de la Red. Desde 2001 reflexiona sobre el libro y la lectura con una mirada múltiple y ambiciosa que va del pasado a un futuro aún por hacer, desde la urgente necesidad de educar en los nuevos paradigmas al papel que jugarán pasado mañana editoriales, libreros, bibliotecas y consumidores. "Mi interés desde hace 10 años ha sido el mismo: qué aporta el medio digital al mundo del libro y de la edición. Para eso hay que mirar al pasado casi tanto como al futuro..."

Moleskine literario
Iván Thays
ivanthays.com.pe

Es el decano en esto de contar a diario lo que uno lee, lo que le leen y qué demonios es eso de leer. Pero es que además al increible Iván Seacher Thays no se le escapa nada. Todo artículo, reseña, comentario, y cualquier cosa publicada del oriente al occidente que trate sobre libros y adlátares es localizada inmediatamente y rebotada en su bitácora. Hasta tal punto que se rumorea el uso que hacen de su trabajo los editores durante el desayuno para enterarse, tantas veces, de “por dónde van los tiros”. El peruano Thays es además un inmejorable bypass entre las dos sanguíneas orillas de nuestra lengua. Sus filias laten en este apresurado resumen de últimos comentarios: las últimas medidas brasileñas en favor de los traductores, la reciente y muy esperada novela del argentino Guillermo Martínez, el arranque del FIL Lima 2011, Czslaw Milosz, Daniel Mordzinki.

El escorpión
Alejandro Gándara
elmundo.es/blogs/elmundo/escorpion/
Es conocido el peligro que supone el aguijonazo de este arácnido que se guarda de la solana bajo los pedregales. Gándara no resulta menos nocivo pero ataca a cara descubierta, sin escondites. Ofrece su blog como “una crítica al aburrido discurso cultural dominante. Con 'recomendados', 'contraindicados' y 'grandes citas'”. Las entradas más leídas que el lector encontrará a la izquierda de su blog son los suficientemente expresivas. Juzguen ustedes: las incompatibilidades entre oralidad y escritura, cómicas y estrafalarias teorías sobre el amor como adaptación al medio y muy expresivas definiciones del Estado como “sistema estamental de rapiña”.

El blog de Patricio Pron
Patricio Pron
elboomeran.com/blog/539/blog-de-patricio-pron

Patricio Pron comparte hospedaje con otros inquilinos en El Boomerang, una de las mejores despensas de blogs de escritores en castellano. Sus trabajados comentarios diseccionan libros y lecturas iluminando sus oquedades y mecanismos ocultos. Partiendo de un libro entronca en una ramificación extraordinaria con la historia de la literatura. “Empecé movido por la curiosidad de saber si un ámbito caracterizado por la respuesta inmediata podía sostener una discusión sobre libros que se caracteriza por no admitir respues- tas inmediatas y superficiales, y también interesado en averiguar si era posible producir allí un tipo de crítica literaria y cultural que (a diferencia de la de los blogs de la última década) no sirviera para la promoción de un grupo de autores o de una estética determinada ni estuviera puesta al servicio de la difusión de prejuicios largamente arraigados”.

El lamento de Portnoy
Javier Avilés
ellamentodeportnoy.blogspot.com

Un blog abierto de par en par. Y es que cuando Javier Avilés tiene demasiado calor para escribir o no ha podido acabarse un mamotreto confiesa sin contricción alguna. Como se sorprende de que sus "reflexiones personales en torno a mis lecturas le interesasen a alguien más que a mi mismo. Todavía me deja estupefacto. El 'éxito' del blog (realizado con ánimo de fracasar) me hace pensar en ocasiones que hay algo que no acaba de funcionar muy bien en la crítica literaria española. Y por extensión en la narrativa".

Blog de Antón de Castro
Antón Castro
antoncastro.blogia.com

Dueño de una bitácora de perfiles austeros y amplios y despejados horizontes, Antón Castro compila textos sembrados aquí y acuyá, sin mucho orden pero en perfecto concierto. Literatura, arte, cómic, poesía, música... Sus penúltimos apuntes lanzan la mirada sobre los cuentos de Poe y Marta Fernández, la biblioteca de Javier Marías, las rutas de Becquer o la Botánica de José A. Conde. Al principio redactaba su blog “a partir de la medianoche. A veces iba a los sitios para contar lo que ocurría. No sabía colocar fotos; aprendí y ahí sigo: el blog es como una segunda vida, un territorio de libertad y de curiosidad, donde completo cosas que en el periódico he tenido que resumir. Antes hacía solo una entrada; ahora realizo varias a cualquier hora del día de casi todo”.

MICRORRÉPLICAS
Andrés Neuman
andresneuman.blogspot.com

La bitácora de Andrés Neuman se ocupa de las relaciones entre los condones y la actual guerra financiera, la penúltima borrachera de Ellroy o de cómo le robó el coche Coetzee... “Pienso la historia del blog como un intento colectivo de reducir las distancias abismales, y por tanto narcotizantes, entre la opinión ciudadana y eso que llamamos opinión pública. Es peligroso delegar totalmente el análisis de la realidad. Ya delegamos demasiadas cosas. Como se ha visto este año, más que esperar al próximo mesías, lo que mucha gente desea es tomar la palabra”.

El blog de Félix de Azúa
Félix de Azúa
elboomeran.com/blog/1/blog-de-felix-de-azua

A sus libros y artículos Félix de Azua sumó una nueva dedicación, tan personal, que, dice, no cobra por ella: la de bloguero. Su objeto es “sobre todo literario, pero los temas suelen ser artísticos, filosóficos y políticos. Soy un lector de blogs más bien dieciochesco: sólo leo los que me interesan por el carácter de quien los escribe. No me importa tanto el contenido como el espíritu que los anima. Con unos medios tan atornillados por los poderes fácticos, sólo en los blogs se encuentran buenos ejemplos de opiniones intempestivas”.

Antonio Muñoz Molina
Antonio Muñoz Molina
antoniomuozmolina-nxb.es

Antonio Muñoz Molina mantiene, cuida y mima un rincón en la Red que transitan multitud de lectores de sus libros. Y tal vez alguno que sólo lo sea de este blog. Como recompensa les brinda, ya desde la home, el llamado blog de los lectores: algo más y algo mejor que los usuales y muchas veces rechinantes comentarios. Por lo demás allí encontramos anotaciones de toda índole. La última conmemora un año desde el estreno de su bitácora. Las siguientes nos traen su relectura de La montaña mágica, un viaje a Roma o los sonidos del verano.

La Medicina de Tongoy
Carlos González Peón
lamedicinadetongoy.blogspot.com

Según Alberto Olmos, “ejemplo de algo tan sencillo como un lector exponiendo sin pudor qué le pareció un libro”. Así es la medicina de Carlos González Peón, se ingiere sin agua, los posibles efectos secundarios suscitan más curiosidad que yuyu y la recuperación del enfermo lector no se asegura pero tampoco importa. Críticas fundamentadas y perfectamente compartimentadas, sin fatigarse con libros innecesarios (que los hay) y de agradabilísima lectura. No olviden su dosis...


Para realizar esta selección de blogs El Cultural preguntó por sus blogs literarios preferidos a: Fernando Aramburu, Milo Krmpotic, Luna Miguel, Javier Calvo, Elvira Navarro, Álvaro Valverde, Alberto Olmos, Antonio Rivero Taravillo, Carlos Salem, Juan Carlos Márquez, Luis Artigué, Lorenzo Silva, Fernando Valls, Ignacio del Valle, Manuel Vilas, Juan Carlos Méndez Guédez, Carlos Marzal, Arcadi Espada, Laura Fernández, Vicente Luis Mora, Juan Francisco Ferré, Rafael Reig, Pilar Adón, Marta Sanz, Patricio Pron, Sergi Bellver, Eloy Tizón, Eugenia Rico, Mercedes Cebrián, José Antonio Millán, Jorge Carrión, Félix de Azúa, Isaac Rosa y Francisco Ferrer Lerín.


Estos días en el teatro Maravillas puede disfrutarse de una comedia aparentemente falta de pretensiones, ligera e intrascendente, pero que aborda un tema objeto de las reflexiones más sesudas y la principal preocupación de la sociedad española en las últimas décadas: el terrorismo de E.T.A.
Marta Poveda (conocida por el gran público por su papel en las televisivas Escenas de matrimonio ) y Mar Abascal (divertidísima y verdadero puntal sobre el que se sustenta la representación) encarnan a dos jóvenes alocadas compañeras de piso que consiguen un suero de la verdad para dárselo a probar al novio de una de ellas ya que, habiéndose quedado embarazada, quiere asegurarse de que el chico la quiere de verdad y será un ejemplar padre de su hij@.
A Eloy Arenas, siempre excesivo, le va como anillo al dedo su personaje de empresario catalán, antiguo militante en la lucha armada independentista y ahora nostálgico, cerca de su vejez. Completan el reparto Antonio Hortelano y César Camino, quienes construyen unos personajes delirantes, desastrosos como terroristas, a los que, claramente les viene grande el jaleo en que se han metido.
Los mejores momentos recuerdan Bajarse al moro, de Alonso de Santos o la escena de María Barranco y los terroristas chiítas en Mujeres al borde de un ataque de nervios. Galcerán se atreve a hacer humor con un tema, el terrorismo de E.T.A., que tan solo unos años atrás era tabú en la escena española (con la excepción de algún intento serio de Ignacio Amestoy, especialmente La última cena, en 2008, con la cual Burundanga parece compartir motivos argumentales, tamizados por un filtro humorístico).
Todos ellos hacen pasar un gran rato al espectador, sin exigir de él ningún gran esfuerzo, con un argumento que funciona gracias a la mano maestra de Jordi Galcerán, aunque los personajes en esta ocasión están faltos de profundidad psicológica y el humor, fácil y eficaz a partes iguales, se acerca al de un “sketch” de telecomedia. En resumen, una ocasión, de las no muy frecuentes, de disfrutar de buen teatro de estreno en la canícula madrileña.


Este post reivindica los productos televisivos de gran calidad en nuestros días que suponen una ruptura con las series de cartón piedra del pasado. En concreto, aquí recomendamos las cinco temporadas de The Wire y uno de los libros que se han publicado para los espectadores que quieren ir más allá del visionado: "The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión".
"Errata naturae" es una de las editoriales jóvenes de nuestro país que ha irrumpido con fuerza en el mercado, en concreto, sabiendo aprovechar el filón de los espectadores de series televisivas que las consideran no solo entretenimiento sino eventos culturales de primer orden, a la altura del cine, el teatro o la ópera. El éxito de los libros que publicó esta editorial el año pasado "The Sopranos" y "The Wire" así lo atestiguan.
Uno de los mejores críticos de series televisivas actuales es Jorge Carrión (Muy recomendable la lectura de su blog, en especial, la sección dedicada a la crítica de series norteamericanas). Profesor de Literatura Contemporánea y de Escritura Creativa en la Universidad Pompeu Fabra escribe un capítulo de "The Wire" donde se establece una clasificación de las series actuales.
"Sería posible establecer una clasificación de las teleficciones norteamericanas de nuestra época según su velocidad interna. En un extremo tendríamos los
productos de acción en que las situaciones límite y los giros arguméntales se suceden a ritmo de vértigo, como "24" o "Prison break"; en el centro, cambiando
instantemente de velocidad, estarían "Dexter" o "Perdidos"; y en otro extremo, la relativa lentitud de las mejores teleseries de la historia, como "A dos metros bajo
tierra", "Los Soprano" o "The Wire". En el primer extremo tendríamos la pervivencia del héroe y de la épica en nuestra época acelerada y crepuscular; en el centro, la
hibridación genérica; en el opuesto, la tragedia melodramática y realista. La profundidad con que pueden ser desarrollados los personajes depende justamente del
tiempo que se dedica a su exploración y a sus metamorfosis."
Continúa con la disección de uno de los hallazgos de "The Wire": sustituir la unidad familiar como objeto de atención por una compleja red social, nada menos que la que compone el fresco de la ciudad de Baltimore.
"Extrañamente, la sensación de ese conocimiento profundo, la empatía con esa construcción dramática y televisada, no se produce a través de la exploración
narrativa de una familia. Si en "Mad Men" asistimos a la representación de una microzona de Manhattan (aunque se establezca cierta tensión entre Nueva York y sus
suburbios residenciales) y de la comunidad profesional —dedicada a la publicidad— que en ella habita; lo cierto es que el protagonismo de Don Draper conduce a
su familia, para equilibrar la importancia de la otra comunidad, la de los creativos publicitarios de Madison Avenue. Lo mismo ocurre en "The Good Wife", en "The
Shield" y en tantas otras teleseries norteamericanas. Cuando no se desarrolla propiamente un núcleo familiar, aparecen los lazos de parentesco como garantía de
conflictos pretéritos y futuros: los protagonistas de "Fringe" son padre e hijo; los de "Dexter", hermano y hermana. La familia Soprano, la familia Fisher, la familia
Simpson: no hay manera más efectiva de representar una ciudad que desarrollar las tensiones de una familia, metonimia de la gran comunidad donde se inscriben.
Pero The Wire no se concentra en un personaje, ni en un lazo de parentesco, ni en una familia, ni siquiera en una única comunidad. Es más, estos recursos
narrativos pasan a un segundo plano. Porque se trata de construir una red urbana; de generar la sensación de que el televidente está tocando, a través de la carne
de píxel de los personajes, la superestructura ideológica y pasional de Baltimore."

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