Este post reivindica los productos televisivos de gran calidad en nuestros días que suponen una ruptura con las series de cartón piedra del pasado. En concreto, aquí recomendamos las cinco temporadas de The Wire y uno de los libros que se han publicado para los espectadores que quieren ir más allá del visionado: "The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión".
"Errata naturae" es una de las editoriales jóvenes de nuestro país que ha irrumpido con fuerza en el mercado, en concreto, sabiendo aprovechar el filón de los espectadores de series televisivas que las consideran no solo entretenimiento sino eventos culturales de primer orden, a la altura del cine, el teatro o la ópera. El éxito de los libros que publicó esta editorial el año pasado "The Sopranos" y "The Wire" así lo atestiguan.
Uno de los mejores críticos de series televisivas actuales es Jorge Carrión (Muy recomendable la lectura de su blog, en especial, la sección dedicada a la crítica de series norteamericanas). Profesor de Literatura Contemporánea y de Escritura Creativa en la Universidad Pompeu Fabra escribe un capítulo de "The Wire" donde se establece una clasificación de las series actuales.
"Sería posible establecer una clasificación de las teleficciones norteamericanas de nuestra época según su velocidad interna. En un extremo tendríamos los
productos de acción en que las situaciones límite y los giros arguméntales se suceden a ritmo de vértigo, como "24" o "Prison break"; en el centro, cambiando
instantemente de velocidad, estarían "Dexter" o "Perdidos"; y en otro extremo, la relativa lentitud de las mejores teleseries de la historia, como "A dos metros bajo
tierra", "Los Soprano" o "The Wire". En el primer extremo tendríamos la pervivencia del héroe y de la épica en nuestra época acelerada y crepuscular; en el centro, la
hibridación genérica; en el opuesto, la tragedia melodramática y realista. La profundidad con que pueden ser desarrollados los personajes depende justamente del
tiempo que se dedica a su exploración y a sus metamorfosis."
Continúa con la disección de uno de los hallazgos de "The Wire": sustituir la unidad familiar como objeto de atención por una compleja red social, nada menos que la que compone el fresco de la ciudad de Baltimore.
"Extrañamente, la sensación de ese conocimiento profundo, la empatía con esa construcción dramática y televisada, no se produce a través de la exploración
narrativa de una familia. Si en "Mad Men" asistimos a la representación de una microzona de Manhattan (aunque se establezca cierta tensión entre Nueva York y sus
suburbios residenciales) y de la comunidad profesional —dedicada a la publicidad— que en ella habita; lo cierto es que el protagonismo de Don Draper conduce a
su familia, para equilibrar la importancia de la otra comunidad, la de los creativos publicitarios de Madison Avenue. Lo mismo ocurre en "The Good Wife", en "The
Shield" y en tantas otras teleseries norteamericanas. Cuando no se desarrolla propiamente un núcleo familiar, aparecen los lazos de parentesco como garantía de
conflictos pretéritos y futuros: los protagonistas de "Fringe" son padre e hijo; los de "Dexter", hermano y hermana. La familia Soprano, la familia Fisher, la familia
Simpson: no hay manera más efectiva de representar una ciudad que desarrollar las tensiones de una familia, metonimia de la gran comunidad donde se inscriben.
Pero The Wire no se concentra en un personaje, ni en un lazo de parentesco, ni en una familia, ni siquiera en una única comunidad. Es más, estos recursos
narrativos pasan a un segundo plano. Porque se trata de construir una red urbana; de generar la sensación de que el televidente está tocando, a través de la carne
de píxel de los personajes, la superestructura ideológica y pasional de Baltimore."

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