Francis Bacon en El Prado


Un excelente plan cultural para esta Semana Santa puede ser visitar la exposición monográfica que dedica El Prado al artista irlandés Francis Bacon (Por cierto, después comí opiparamente en un restaurante gallego del cercano barrio de las Letras, llamado Terra Mundi, muy recomendable). La gestión del museo, tradicionalmente muy reacia a acoger en él la obra de autores del siglo XX, ha debido tener en cuenta, aparte de los méritos del artista, la etapa final de su vida en Madrid y su obsesión por el museo del Prado y sus visitas incansables para ver la obra de los que consideraba los popes de la pintura española: Velázquez, El Greco y Goya.
Sobre esta exposición, ahí van algunos enlaces: el artículo de Calvo Serraller en El País, el de Antonio Lucas en El Mundo, y un texto maravilloso de Rodrigo Fresán que encontramos en el blog Ignoria, biblioteca hogar. Pero, sin duda el post más completo que hemos encontrado sobre esta muestra está en el blog de Antonio Blanco Almeida, con unas reproducciones de los cuadros de excelente calidad y unos textos que hacen irrelevante nuestro trabajo en esta entrada del blog.
Además puede verse ">un documental en Youtube, en seis partes, del que aquí sólo enlazamos la primera, sobre una retrospectiva que se le dedicó en Londres.
La exposición que, consta de más de 60 obras, se subdivide en áreas que muestran, siguiendo criterios en parte cronológicos, asuntos que preocuparon al autor en distintas etapas de su vida: así, Animal (década de los 40), donde desde su posición atea, subraya la condición animal del hombre responsable, entre otras barbaries, de la Segunda Guerra Mundial. A Zona y Aprensión corresponde las variaciones sobre el Retrato del Papa Inocencio X (cuadro pintado en 1650 por Velázquez y que llegó a obsesionar a Bacon), es una etapa donde las bocas abiertas en un grito se convierten en la manifestación de angustia y pesimismo existencial.
Más tarde siguen Crucifixión y Crisis en los años 60, donde sus obras Estudios para una crucifixión y Crucifixión presenta la paradoja de que el profundamente cristiano tema de la crucifixión seduzca y obsesione a un artista ateo.
Finalmente, Retrato, en la década de los 70, se centra en la necesidad de Bacon de pintar a sus seres más cercanos; su relación con George Dyer, con quien ha vivido momentos de exceso se trunca en 1971 con la muerte de éste. A partir de aquí, el color negro ingresa con fuerza en sus pinturas.
Es de destacar toda la documentación del estudio del artista, sus testimonios biográficos y el archivo fotográfico, que ocupa, todo ello, una sala de la exposición.


Fernando Guillén ha elegido la obra de Louis Aragon El vals del adiós para despedirse de los escenarios tras una carrera profesional de décadas. La cita con los sanfernandinos es el sábado 28, a las 20 h. en el teatro Federico García Lorca, coincidiendo con el Día Internacional del Teatro.
En Coslada el mismo día, a la misma hora, en el teatro La Jaramilla, puede asistirse a la representación de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca. El montaje propuesto por el grupo Tribueñe y dirigido por Irina Kouberskaya incide en la importancia del erotismo como pulsión vital, más poderoso que la muerte, de modo que en esta revisión tan novedosa Don Perlimplín encarna el erotismo y Belisa, la muerte, Belisa, que se muere de amor.

El viernes 27 tendrá lugar también en La Jaramilla la representación de Mujer busca hombre que aún no existe, dirigida por Eloy Arenas.

Gran Torino, de Clint Eastwood


No conocí la obra de Clint Eastwood como director hasta 1992 con Sin perdón, bastante más tarde de lo que me correspondía por edad. Simplemente, no me interesaban los temas que trataba en sus películas. Desde ese gran western crepuscular (término referido al género no al cineasta), no he dejado de seguirle: Los puentes de Madison (1995), una historia de amor imposible a la que es difícil resistirse; Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997) presenta esa imagen del Sur estadounidense tan sugerente y a un gran Kevin Spacey; Mystic River (2003)nos cuenta una conmovedora tragedia familiar con una figura paterna protagonista encarnada magistralmente por Sean Penn, Million dolar baby (2004), sobre la prometedora carrera trágicamente truncada de una joven y cabezota boxeadora. Se trata de una selección puramente subjetiva, caprichosa si se quiere,cuyo criterio de elaboración sólo obedece a los buenos momentos que me hicieron pasar en algún momento de mi vida.
Clint Eastwood está acostumbrado a luchar a la contra y hacer de la necesidad, virtud. Cuentan que al inicio de su carrera, cuando en 1954, le ficha la Universal, enseguida le descartan como galán porque su físico enclenque no lo hacía idóneo, más tarde protagonizó una mediocre serie western televisiva, Rawhide, que pudo abocarle al fracaso como a tantos otros actores. Fue criticado por protagonizar los spaguetti-western de Sergio Leone, considerados una segunda división del género americano del Oeste. Uno de sus grandes éxitos de taquilla, la trilogía de Harry, el sucio le acarreó acusaciones de racismo y machismo por parte de grupos de izquierda americanos, críticas de las que tuvo que salir al paso. También la crítica se cebó con él por su forma de actuar inexpresiva, cercana al hieratismo, tanto si el papel lo requería como si no. Superadas todas estas dificultades, Clint Eastwood comenzó a remar a favor de corriente desde el citado año de 1992, como si la interpretación del viejo vaquero William Munny, acabado y a la vez revestido de dignidad, le pusieran en paz con el "establishment" de Hollywood. Desde entonces y hasta hoy, su talla como cineasta no ha dejado de crecer.
Ahora se presenta Gran Torino y parece, de nuevo, que Eastwood ha dado en la diana. Entre sus mejores bazas, cabe destacar el sólido guión de Paul Haggis que combina guiños de simpatía a los veteranos americanos de distintas guerras, patriotas irreductibles, con un mensaje de tolerancia al crisol de culturas en que se han convertido muchas pequeñas ciudades norteamericanas y, a la par, denuncia de la lacra de las bandas organizadas, culpables de la violencia y la delincuencia de la sociedad de hoy en el mundo civilizado.


Mauro Entrialgo escribe cada día una viñeta en el diario Público y en la web de este periódico se puede consultar el blog Plétora de piñatas, donde se recogen las viñetas y los comentarios de los internautas. La viñeta del pasado 16 de marzo trataba de tipología de blogs y, haciendo autocrítica, tenemos que reconocer que: "si cada comentario es una densa y extensa brasa" el nuestro es, efectivamente, "un blog literario", ja, ja, ja. ¡Qué bueno, Mauro! Intentaremos ser menos densos y menos extensos en próximas ocasiones.


El Seminario Menéndez Pelayo (dirigido por Amancio Labandeira) de la Fundación Universitaria Española (Calle de Alcalá, nº 93) ofrece este mes de marzo un ciclo de conferencias sobre escritoras españolas. La cita es los martes a las 19 horas y, en concreto, el próximo día 10, Javier Huerta Calvo hablará sobre las dramaturgas del Siglo de Oro.

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