Los comendadores de Córdoba


Coincidí con César Barló, el director de este montaje el pasado verano en los cursos de verano de El Escorial, en concreto, en uno que llevaba por título La puesta en escena de los clásicos, organizado por la RESAD. Tras la comida, César Barló nos hablaba de un proyecto que tenía en mente, en el que había estado trabajando y que, según sus propias palabras, "ahora había que mover" para conseguir representar. Unos meses después me he encontrado con un espectáculo redondo, maduro, que no desmerece las producciones de compañías que montan clásicos con más medios. César Barló y sus actores, todos procedentes de la RESAD, atesoran tanta juventud como talento y se acercan a Lope de Vega con descaro, con energía, pero también con sensibilidad y con respeto al verso, bien tratado en la adaptación y muy bien dicho por los actores.
La estética elegida es la de sala de teatro alternativo, de pequeño tamaño y para poco público, distribuido en cinco filas en grada. Los actores se mueven por el escenario con desparpajo y ayudan a construir la escenografía ora sujetando unas redes que simulan las rejas que marca la separación entre la ventana de una estancia y la calle, espacio desde donde hablan galanes y damas, ora arrastrando unas escaleras de madera polivalentes. Las numerosas salidas y entradas de personajes de escena se resuelven con maestría por medio de diversos artificios. Digno es de mención la combinación de utilería (de nuevo una gruesa red que envuelve a los protagonistas) e iluminación para ambientar el baño de sangre en que se convierte la última escena, donde se lleva a cabo la venganza del marido ultrajado.
Porque, tengámoslo presente, es de honor, una vez más, de lo que se habla en este drama áureo de Lope de Vega tan poco transitado. En concreto, del honor de un noble, casado con mujer joven y bella que, harta de las ausencias de su marido, encuentra consuelo en la donosura del comendador don Jorge, de quien se enamora. El regalo del Rey a don Fernando, el veinticuatro de Córdoba, de un anillo por su heroico comportamiento en batalla, desencadena el drama, al pasar de manos del Rey a las de don Jorge y de éstas a las de su esposa y de ésta a las del amante, don Jorge, en cuyas manos lo reconoce el Rey e, indignado, pide explicaciones a don Fernando y sugiere que lave su honor al precio que sea. Hemos disfrutado con la energía y la determinación de Alberto Gómez encarnando a don Fernando, con los juegos de seducción entre Antonio Sansano(don Jorge) y Rakel Camacho (doña Beatriz), así como los disparates de los criados, ni siquiera ellos escapan al sangriento final, en el que Lope, una vez más, restaura el honor a golpe de espada. La acción se trae a la actualidad enmarcando lo sucedido en los casos de violencia de género que ocupan los informativos prácticamente a diario. Magnífica obra que pide a gritos un teatro donde representarse con mayor continuidad que los tres días de noviembre que ha estado sobre las tablas de la sala de la RESAD.

Del rey abajo, ninguno


Desde el 5 de octubre hasta el 9 de diciembre se puede disfrutar de la obra de ¿Rojas Zorrilla? (su paternidad ha sido puesta en duda en uno más de tantos interrogantes áureos sin resolver), en el año en que se celebra el cuarto centenario del nacimiento de este autor, de quien se puede ver en la RESAD Morir pensando matar, a cargo de la Compañía Siglo de Oro dirigida por Ernesto Caballero.
Desde luego, Eduardo Vasco en su etapa al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha creado ya una impronta, a modo de marca de la casa, que le proporciona un sello de calidad a las producciones de la Compañía y una estabilidad nada desdeñables para el espectador aficionado al clásico. En esta ocasión se ha encargado la dirección del montaje a Laila Ripoll (cuya solvencia está fuera de toda duda, como lo estaba en sus antecesores en el Pavón: Ernesto Caballero, Yolanda Pallín y Natalia Menéndez, entre otros). Se mantiene el acompañamiento musical (violín, teorba, guitarra y vihuela) después del éxito cosechado en representaciones como Sainetes y El curioso impertinente.
En cuanto a la escenografía, se propone la estructura de un corral de comedias, utilizando el primer piso para representar las escenas del interior de la casa del labrador y, en concreto, el monólogo de García de Castañar sobre cómo proceder al descubrir su deshonra (monólogo donde el actor se sitúa demasiado lejos del público).
Por lo demás, el buen hacer de la directora y los actores de la Compañía Nacional del Teatro Clásico salvan un texto que no se halla entre los más brillantes del teatro áureo y cuya presencia en las tablas se entiende en el marco del homenaje centenario a Rojas.

El niño con el pijama de rayas


El niño con el pijama de rayas, de John Boyne (Barcelona, Salamandra, 2007), atrae por igual a lectores adolescentes como adultos presentando una historia sencilla, contada de forma sencilla con un final que sorprende a la vez que sobrecoge. La trama se articula en torno al niño Bruno, quien debe mudarse a una nueva casa porque a su padre, comandante alemán, le han destinado allí. Acostumbrado al bullicio de Berlín, Bruno se siente aburrido en mitad del campo, aislado en una casa, separada por una alambrada de otras casas donde viven cientos, miles de personas, todas vestidas con el mismo pijama de rayas, que no parecen muy felices. "Auchviz" es el nombre del nuevo lugar donde viven, en palabras del propio Bruno.
John Boyne sigue la senda de afrontar un mundo de adultos desde la mirada de un niño y seducir al lector con la utilización del maravilloso ingenio infantil para hacer engranar dos mundos que no encajan. Muchos son los que han transitado la mencionada senda, en los últimos años uno de los que lo ha hecho con mejor fortuna es Mark Haddon en El curioso incidente del perro a medianoche, cuya lectura recomendamos encarecidamente. Si Mark Haddon recurría a un hecho trivial que terminará poniendo patas arriba la vida de su pequeño protagonista, Boyne novela desde un nuevo enfoque una de las ignominias más grandes del siglo XX con que la raza humana debe cargar en su conciencia: el holocausto judío en la Alemania nazi.

ERNESTO CHE GUEVARA, PRESENTE

El editorial publicado en el periódico EL PAÍS el día 10 de octubre de 2007 bajo el título de Caudillo Guevara, con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del Che, intenta despreciar los valores y la revolución que llevaron a cabo un grupo de personas con comunes ideas basadas en el marxismo y en las teorías de liberación latinoamericana de Simón Bolivar y José de San Martín. Entre ello hace mayor hincapié en la figura de Ernesto Guevara y compara sus ideas con las ideas de grupos terroristas como la Yihad islámica, que se basan como principio en teorías religiosas islámicas, y por lo tanto infundamentadas.
La idea de hacer una revolución violenta el propio Guevara la argumenta así: “El inicio de una revolución violenta no parte de los revolucionarios sino de las resistencias que opongan las fuerzas reaccionarias”. Así mismo explica como la propuesta es forzada por las fuerzas de opresión. El claro ejemplo de triunfo de esta revolución utópica es la que se llevó a cabo en Cuba, ya que en la Cuba del gobierno de Batista había hambre y analfabetismo en el pueblo cubano, siendo Cuba para los Estados Unidos un gran burdel y un casino donde poder apostar.
La triunfante y necesaria revolución fue como un “hechizo mágico” para la Cuba que tendría que renacer. Claro está que todo sistema después de mucho tiempo con pocas innovaciones en su esqueleto interno y de una concentración de poder demagógico se termina corrompiendo; este fracaso es atribuible al autoritarismo de Castro y mayoritariamente al bloqueo internacional que sufre Cuba hoy en día.
El Che y su revolución despertaron inquietudes de lucha y de esperanza de conseguir “un mundo mejor e igualitario” en todo el mundo. Toda lucha lleva consigo mucho sacrificio y pérdidas en el camino de vidas no anónimas que con su existencia ayudaron a cambiar la sociedad.
En el sistema que nos somete hoy en día, el capitalista, toda excusa es buena para hacer negocio. Así, la figura del Che se ha convertido de un icono intelectual y libertario en un icono comercial más; podemos encontrar numerosos artículos con su imagen vendidos en tiendas que mayoritariamente no buscan la conciencia social de la población sino una forma más de conseguir dinero.
Victoria Serrano Palero

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